En todas las culturas la política es sucia

Mucho de los lectores de nuestra publicación comentan a menudo que a mi me gusta mucho la política porque trato este tema con frecuencia.

“Escribes mucho sobre política”, me dicen cuando nos encontramos en algún sitio público.

Pero realmente me motiva el tema debido a la desilusión frente a una realidad donde casi todos los políticos tienen su propia agenda alejada de los intereses del electorado; sus respuestas a las preguntas son ambiguas y no brindan soluciones a los problemas fundamentales.

He escrito varios veces al respecto antes de que comenzaran las campañas y ésto no se limita a la política de Latinoamérica o a la de Miami, ciudad donde la pasión y la corrupción tienen fama de ser más común. La política es sucia aquí, y en todas las partes del mundo.

No es menos cierto que en Miami el tema de Cuba se utiliza como un método para promover al electorado a salir a votar y frecuentemente las acusaciones de ser pro-Fidel Castro causa una reacción emotiva dentro del electorado de origen cubano –lo que es de entenderse porque es un pueblo que ha sufrido por cinco décadas una dictadura cruel– pero muchos de los oficiales electos en Miami-Dade están desempeñando cargos que no tienen ninguna relación con la libertad de Cuba. Aún, los congresistas federales tiene poder limitado para promover ese cambio dentro e Cuba, tan anhelado por el exilio cubano.

Los políticos norteamericanos también utilizan acusaciones personales y utilizan insultos en sus campañas. ¿Cuántas cosas no se han dicho del Presidente de los EE.UU.? He escuchado a políticos decir que Obama es un “musulmán terrorista”.

Durante las primarias del mes pasado, del Partido Republicano para la gobernación del estado de la Florida, contienda entre Bill McCollum y Rick Scott se dijeron horrores y obviaron discutir los temas y la realidad que estamos confrontando: una crisis económica que solo se compara con la Gran Depresión de la década del los años 30.

Esta situación entre los políticos se agrava a medida que pasan los años. Con la ayuda del Internet, las fuentes utilizadas por los candidatos para ser alegaciones son menos confiable, es más difícil verificarla y se distribuye a mayor velocidad.

Utilizar insultos personales es ya parte del juego político, pero las futuras generaciones merecen que los medios de comunicación actuemos de una forma responsable y vigilante antes estos ataques personales. Tenemos un deber con los lectores y podemos hacer que los políticos sean más precisos. También los propios medios de comunicación encienden la candela buscando la audiencia y “tan culpable es el que mata la vaca como el le sujeta la pata”.

Me podrán tildar de idealista, pero me rehuso a tirar la toalla en el tema político.

Como medio de comunicación tenemos que fiscalizar a los candidatos políticos. Éstos serán nuestros futuros gobernantes y sus acciones nos afectan a todos.

Analicen los temas que nos afectan a diario y salgan a votar. Ese es el mejor método de mantener a los políticos honestos.

Solo me queda decirles que se informen, no se apasionen.

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