Desde Adentro: Blanco y Negro

Charis Romanach Zoghbi

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Charis Romanach Zoghbi

Desde pequeños nos han enseñado la importancia de decir la verdad. Cuando faltaba una galleta en la bandeja, nuestra mamá nos preguntaba si la habíamos tomado. ¿Cuál era nuestro instinto? Con ojos grandes y una sonrisa pícara decíamos, “¡Yo no fui!“ Entonces mamá nos decía algo así, “Si me dices la verdad, no te voy a castigar, pero si me mientes, entonces el castigo será peor”… Eso nos ponía a pensar.

Creo que esa era la lección que quería que aprendiéramos desde temprana edad: Que cuando mentíamos venían consecuencias, y si éramos valientes y decíamos la verdad, podíamos obtener misericordia. Y nuestro sistema judicial trabaja de la misma forma. Cuando se confiesa la culpabilidad, se usa como atenuante para disminuir la condena; pero si profesamos inocencia y se prueba lo contrario, la ley es mucho más fuerte.

Este principio parece ser bastante blanco y negro. La verdad siempre debería ganar, ¿no? Pero, como mucho en la vida, las relaciones complican las cosas. A veces, estos colores se tornan en matices grises que turban y confunden nuestra mente; y las mentiras se vuelven blancas mientras que la verdad se mezcla con un rojo intimidante.

Hablando con una amiga, que llamaremos ‘Natalia’, me contaba lo desencantada que estaba con su amiga más cercana, la cual llamaremos ‘Ana’. Ya no hablaban y la relación se había desboronado sin haber tenido argumento alguno. Mi amiga no podía entender por qué Ana no había sido honesta en decirle de frente porque no quería más su amistad en vez de estar hablando con otras personas diciéndoles cosas que no eran ciertas. Natalia se quería defender y poner las cuentas claras con ella, pero a la vez, no estaba motivada a hacerlo. Ella me contaba las razones por la cual Ana estaba actuando de esa manera. Ana tenía mucho escondido y sus mentiras se habían convertido en verdad, y Natalia sabía que ella representaría una verdad confrontadora, no solo en respecto a su amistad, sino con la vida de Ana en general. Natalia sabía que Ana no estaba dispuesta a escuchar esas verdades, y que preferiría vivir en un mundo de sombras que traer a la luz todo lo que no quería confesar y llegar a cambiar.

Un poeta escocés escribió una vez, “Que clase de tejido enredado creamos cuando primero empezamos a engañar”. Eventualmente, las mentiras nos alcanzan, y aunque el razonamiento las puede mostrar bastante blancas al principio, con el tiempo, el blanco también se ensucia. No estoy diciendo que decir la verdad es fácil, ni que siempre estará libre de consecuencias, pero si sé que la verdad nos libera de cualquier prisión.

Abraham Lincoln decía, “puedes engañar a algunas personas todo el tiempo, y a todas las personas en algún tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo”.

Lo más valioso que tenemos es nuestra palabra veraz. Cuidémosla, y no sacrifiquemos una reputación que, al mentir por tratar de salvarla, terminamos perdiendo de todas maneras.

Con amor “Desde Adentro”,

Charis

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