Las modas son cambiantes. No importa cuánto te guste algo ahora, hay una gran posibilidad que después de un tiempo, ya no te llame mucho la atención. El vestido de última moda que te compraste hace dos veranos ya no lo usas. El sofá que conseguiste en esa boutique ya como que parece anticuado. Y ese restaurante que disfrutabas al ir con tus amistades está ‘rayado’… Los gustos cambian, y lo que te fascina ahora puede ser que mañana te haga arrugar la cara.
Pero hay algo que a todos nos gusta. Una cosa que aunque nunca cambia con la moda, siempre es del mismo color, y luce exactamente igual que hace 20 años. Nos atrae constantemente; no importa la edad que tengamos. ¡Y olvídate de tener solo uno! No, no, no. Eso no es suficiente. No nos conformamos hasta tener los más posible. Me imagino que ya saben de lo que hablo: Ese billete verde con el que soñamos.
El dinero es algo universalmente deseado. Es lo que muchos nos pasamos la vida tratando de adquirir para poder estar ‘conformes’ y ‘felices’, y lo que usamos para hacer feliz a otros. Hay personas que dicen que el dinero no trae felicidad, pero con picardía, añaden, “¡Hay, pero es menos doloroso llorar en un Lamborghini!” Para algunos, el dinero lo es todo. Para otros, el dinero es casi todo. Y para los demás, el dinero igual deslumbra y atrae como un insecto a una luz brillante. Es cierto, el dinero es tan atractivo como William Levy en el video de J.Lo, pero a diferencia de él, el dinero no tiene pálpitos, expresiones, sonrisas, ni palabras dulces.
Mientras más tiempo pasa, más creo que el dinero es completamente ridículo. Pensar que un pedacito pequeño de nada nos ata de tal manera y que giramos nuestra vida alrededor de él es increíble para mí. Cuando me detengo, y miro a mí alrededor, más me doy cuenta que la obsesión con el dinero se ha convertido en el grillete de nuestra sociedad. Es el mal necesario que hace girar el mundo, el medidor que usamos para escoger a una amistad, la temperatura volátil entre la pareja, y lo que a veces, sin querer queriendo, llegamos a amar sobre todo lo demás.
Claro, el dinero es algo que se necesita para subsistir, pero no necesariamente para vivir. La vida es un regalo, y lo más valioso no se puede comprar. El aire que respiras, la sonrisa de un extraño, una flor en el campo, la risa de tus hijos, y las piruetas de tu cachorro. Todo eso es lo que hace valer la pena vivir, y no importa cuánto dinero tengas, él nunca te dará el calor que trae la compañía.
Entonces, ¿Por qué nos parece todo tan bonito cuando le añadimos unos billetitos? ¿Por qué William Levy se convierte mucho más atractivo con dólares en la cuenta? ¿Por qué medimos a otros por cantidad y no tanto por calidad?
Bueno, esas no son respuestas fáciles. Cuando algo está tan arraigado en nuestra sociedad y crianza, a veces es difícil llegar a la raíz del ‘¿por qué?’. Pero lo que sí sé descifrar es que el dinero no es igual a la felicidad, y no vale la pena vivir para algo que, al amar, te puede llegar amargar.
Ten todo el dinero que quieras, pero ten cuidado que el dinero nunca te tenga a ti.
Con Amor “Desde Adentro”,
Charis




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