DANIA FERRO: No tenía sida... ¡Agradezco su mentira!

Dania Ferro autora de 'Diálogo con mi corazón'

Dania Ferro autora de "Diálogo con mi corazón"

Lo conocí en una fiesta de Quince que me invitaron. Fui con María del Carmen —que tenía casi 30 años pero se sentía como de 18— quien no perdía oportunidad para presentarse en cuánta celebración, espectáculo, festejo o baile podía.

Yo tenía 16. La fiesta sería un sábado en un pueblo de Pinar del Río (Cuba) llamado El Calero. Debíamos llegar como a las siete, pero nosotros llegamos pasadas las 9:00. Subimos hasta un apartamento en el 5to piso. María subía de prisa, segura y sonriente; yo subía con dificultad, aquellos zapatos de charol negro con tacones altos —a los que no estaba acostumbrada— me estaban matando.

Ya todos estaban cuando nosotras llegamos. Fuimos las últimas en aparecer. Cerraron las puertas enseguida que entramos. “Solo faltaban ustedes”, “¡qué bueno que llegaron!”… “¡Ya estamos completos!”, gritó una voz de mujer desde la cocina. No pasábamos de 30 personas. Era un apartamento pequeño, sin muebles en la sala para dejar espacio para “bailar”. La luz era irrisoria y todos parecían estar en pareja. La música suave todo el tiempo incitaba a los presentes a pegar sus cuerpos. Nunca vi a la quinceañera por ninguna parte y aquello, más que una celebración, parecía un culto al amor, al romance, a la aventura, al coqueteo.

Aquel idilio me dio miedo, me arrinconé a una pared y bajé la cabeza. Tenía los pies adoloridos con ampollas, y lo peor, había perdido de vista a María del Carmen.

Entonces él apareció, se acercó y me miró fijamente. Levanté tímidamente la mirada pero él siempre estuvo ahí mirándome como si yo fuera esa pared a la que te obligaban a mirar durante un día de castigo. ¡Qué lindo era! Alto, trigueño, con unos labios como si se los hubieran pintado con mucho afán. Parecía escapado de una revista donde solo exhiben chicos hermosos, con pechos descubiertos, labios rojos entreabiertos y miradas penetrantes.

“Tengo hambre”, se me ocurrió decir para romper esa inercia o letargo en el que estaba sumida. “¿Dónde puedo encontrar algo de comer?”, pregunté sin mirarle a los ojos. “Ven conmigo, estás en mi casa, mi hermana es la de los quince”. ¿Y dónde está ella?”, pregunté entre curiosa e incrédula. “Salió hace un rato con su novio”. “¿Su novio?”, pregunté como si hubiera oído un desvarío. “Sí, su novio. ¿Y tú, no tienes novio?, preguntó afectuoso. “¡No! Solo tengo dieciséis.

Comí mucho mientras él permanecía allí esperándome todo el tiempo. “¿Quieres salir a conversar un rato a las escaleras?”, preguntó tímidamente. “No, hay frío afuera, mejor nos quedamos aquí a la vista de todos”, respondí tajante. “¿Me tienes miedo? No te voy a hacer nada, si quieres te busco un abrigo o te regalo muchos abrazos”. La idea de los abrazos me encantó y cambié de respuesta. “Bueno, está bien, pero solo por un momento”. Nos quedamos allí hasta las dos de la madrugada. No puedo contar todos los besos que nos dimos. Sus abrazos me hicieron sentir en otro planeta. Nos miramos tanto que me pasé toda una semana con su imagen en mis ojos y su olor lo sentía pegado en mis manos.

Unos días después alguien me avisó que un chico me buscaba en la puerta de la escuela. Era él. Nos abrazamos como si nunca hubiéramos dejado de vernos, como si nos hubiéramos conocido de siempre. Confiada, me monté en su bicicleta para ir a tomar helados y luego me acompañó hasta mi casa. Estuvimos saliendo por un mes. Cada día con él era como vivir un siglo, era intenso, apasionado, me sorprendía siempre con detalles, llamadas y visitas en las horas más insospechadas.

Pero una tarde un enfermero visitó mi casa. Todos estaban serios y con caras de preocupación. Mi madre, exasperada, no paraba de llorar. “Dinos la verdad”, me gritó nerviosa. “¿Has tenido relaciones sexuales con ese chico? No mientas y cuéntamelo todo ahora”. Yo no entendía nada. “Idanki me ha respetado. Tenemos una linda relación romántica. En nuestras tardes libres le leo mis poemas mientras él toca la guitarra… Nunca me lo ha propuesto; aunque a mí ganas no me han faltado”... “Pues se terminó esa relación linda y romántica, se acabaron esas tardes de poemas y guitarras, y espero se te quiten los deseos de acostarte con un desconocido que tiene sida”, me gritó mi madre histérica.

“¿Sida? pregunté espantada. “Sí, ese chico tiene sida. Lo hemos estado siguiendo y decidimos venir a advertirle. Debería ir a examinarse al hospital más cercano. Si decides terminar con él, por favor, no le recuerdes su situación, y no le cuentes que un profesional de la salud vino advertirles, sería muy doloroso y se sentirá marginado”.

Idanki volvió esa noche impecablemente vestido y con su ya acostumbrado olor. Extendió su mano para darme una rosa y su rostro se iluminó con una sonrisa que nunca olvidé. Por unos instantes olvidé el sida, el miedo, al enfermero, y hasta a mi madre que me espiaba por la ventana. Lo abracé fuerte —más por amor que por solidaridad o compasión. Lo besé impetuosa. Lo besé con los ojos abiertos como para no perder ni el más mínimo detalle. Él me besaba con ojos cerrados, enamorado, ajeno.

Luego del beso le dije con firmeza —y sin mirarle a los ojos— que el noviazgo desconcentraba la atención de mis estudios. “Quiero tener tiempo para hacer tareas y otras cosas que no sean solo pensar en ti. No vuelvas a buscarme, ni a ir a la escuela, no me esperes en el parque, ni vengas a mi casa, no me llames por teléfono. No quiero volver a verte”.

Nunca he vuelto a ver llorar tanto a un hombre. Lloró —sin exagerar— por una hora con sollozos de un niño. Lo dejé llorar a solas y le cerré la puerta en la cara sin más explicaciones.

No volví a verlo hasta tres años después en los carnavales de Pinar del Río. Se me acercó feliz y con espontaneidad dijo: ¡Dania, qué linda estás!

Sentí pánico. No quería que se me acercara. Según mis “cálculos” debían quedarle pocos meses de vida. Pensé que le habían dado unos días libres en Los Cocos* para que disfrutara de los carnavales. “Idanki, ¿estás bien?, pregunté sin sonreír. “Estoy bien y mejor ahora que te veo a ti. Salí con mi hermana y su novio… ellos siguen juntos y así hubiéramos podido estar nosotros si no me hubieras dejado aquella noche… ¡sabes que yo te amaba!" … “Necesito contarte algo”, lo interrumpí atragantada como si estuviera a punto de morir.

Nos alejamos de la música, de las carrozas que desfilaban por las calles, del tumulto que casi me pisaba los pies… y nos sentamos donde lo habíamos hecho siempre. “Un enfermero fue a mi casa, comencé diciéndole, nos dijo que tenías sida. Dime la verdad, ¿estás enfermo, cómo es tu vida ahora, estás internado?" " No puedo creer que ese hombre te engaño a ti también”, me dijo encolerizado. Ese enfermero es el hermano de una exnovia de la que nunca me enamoré y ambos idearon ese macabro plan para vengarse. He intentado salir con otras dos chicas, a las que ellos les han hecho la misma historia y terminaron conmigo, igual que tú, sin explicaciones"… Yo le creí en el acto. Me miró a los ojos y me abrazó por horas.

Fue una mentira que nos hizo feliz. Es la mentira que más fácil he perdonado en mi vida. Por siempre agradecí que no tuviera sida y que todo hubiera sido una mentira.

*Los Cocos fue uno de los 17 sanatorios creados a finales de la década de los 80 hasta 1993 por el Ministerio de Salud Pública de Cuba, para aislar a los diagnosticados con el virus VIH, causante del sida, del resto de la población.

El 1 de diciembre se celebra el Día Internacional del Sida, una pandemia que ha matado a 30 millones de personas. Estados Unidos muestra un incremento de nuevas infecciones entre jóvenes, negros y hombres homosexuales de casi 50% en tres años.

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Comentarios » 6

DaniaFerro writes:

Idanky donde estarás ahora? Quiero que sepan que esta historia es basada en hechos reales...

Magician writes:

La vida esta llena de poesia, se nace y se muere entre prosa y verso, solo varia, el Amor, dependiendo de los amantes...

No te quedes inmovil
al borde del camino
no congeles el jubilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
solo un rincon tranquilo
no dejes caer los parpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueno
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo...

Mario Benedetti.

Magician writes:

Amena y sencilla la historia, cosas de la vida! Lo que me hace recordar un pasaje de una pelicula infantil, El Jorobado de Notre Dame, la escena la recuerdo asi, una estatuilla de la Catedral le dice al Cuasi (..)"la vida no es un deporte de mirones, si te pasas la vida mirando, veras la vida pasar y tu, te quedaras detras"(..)
Por no intentar descubrir la verdad, por no intentar ir mas alla... se ira la vida rodando y tu con tus espinas de dudas, te encajaras a la espera de lo que pudo ser y jamas sera..

Eterno_Retorno writes:

Qué curiosa historia, Danita. Me hace pensar en cuantos abrazos se rompen por mentiras y silencios, pero siempre he querido creer que el amor es más fuerte que todo ello.

AbelVerdon writes:

Muy emocionante historia que comenzo y en poco tiempo dio dos giros de 360 grados cada uno. Pero lo mas importante; A los dos se les saco el maximo probecho. Pq el primer giro basado en mentira y causante de dolor intenso,desesperacion,impotencia, tristesa,,lagrimas y desasociego, dio pie para un segundo giro,dupli o tripli o cuatroplicado de amor,alegria msatisfaccion y sobre todo,con el deceo que abia en hambos corazones, echo una realidad.. y el ancia y determinacion de recuperar lo perdido,, feliz fin de semana dania ,,,abel

myri59 writes:

yo sabia que habia algo en esta historia no sonaba bien... El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es causante del sindrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) osea como va a ir un enfermero a decir que el hombre tiene sida si supuestamente lucia como un modelo y andaba de pachanga??? Yo creo que nadie aqui entonces ha visto un enfermo de sida, tener el virus es una cosa y tener sida es otra, y lo digo con toda propiedad porque eso es lo que estoy estudiando, Administracion Medica y mi hermano murio de sida en el 1993, y lo vivi y sufri con el... cuanta desinformacion y maltrato hay en Cuba para estos enfermos, aqui va un enfermerito como ese alguna casa a decir un disparate asi y pierde su trabajo y hasta lo pueden mandar a la carcel, primero por violar la HIPAA, que es una ley federal que protege el derecho a la confidencialidad de el paciente y por difamacion de caracter, y aqui no juegan con eso, yo tuve una companera de trabajo, y era una supervisora, que la votaron porque le dijo a un familiar, que no sabia que el paciente tenia el VIH, el familiar la reporto y la votaron pero mira inmediatamente... y me sorprendio que todos le creyeran, donde quedo el preguntar a ese enfermero de que hospital o clinica venia, sus credendiales, documentos, contactar su lugar de empleo osea????? y lo mas importante informarle al pobre hombre de lo que estaba sucediendo y de la acusacion tan grande que le estaban haciendo, donde quedo el beneficio de la duda? y por igual si lo hubiese tenido donde quedo el respeto, osea todos salieron huyendo como si fuese un perro con sarna... me decepciono mucho esta historia... increible... Myrian

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