DANIA FERRO: 40 semanas, 40 de fiebre, una cesárea...y un después

Dania Ferro autora de 'Diálogo con mi corazón'

Dania Ferro autora de "Diálogo con mi corazón"

Baby Shower de Dania Ferro, Lehigh Acres, 13 de noviembre de 2010.

Photo by Maritza Cordo

Baby Shower de Dania Ferro, Lehigh Acres, 13 de noviembre de 2010.

Tenía cuarenta semanas de embarazo y mi termómetro casero marcaba 40 grados. La fiebre había comenzado desde las 7 de la noche. Era domingo 5 de diciembre del año 2010. Fue la noche más fría de mi vida y eso que me habían asegurado que en la Florida jamás iba a tener que padecer bajas temperaturas, pero esa noche les puedo asegurar que faltó poco para que me congelara.

Mi abuela se fue a dormir temprano porque mi abuelo también se sentía con gripe. Yo visitaba el baño cada dos horas para orinar. Mi barriga se había vuelto insoportable, medía más de 36 centímetro y me costaba salir de la cama. Hacía muchos meses había olvidado cómo era dormir boca abajo, y tampoco podía dormir boca arriba porque me asfixiaba. De lado iba solucionándolo como podía.

Esa noche llamé más de 12 veces a mi doctor y una voz en un contestador fue todo lo que conseguí como respuesta. Le dejé tres mensajes. El primero fue con un tono de reclamo y enojo, el segundo angustiada y con urgencia, el tercero sonó ya bajito y sin fuerzas.

Sentía miedo. Tenía tanta calentura que me duché dos veces y llegué a pensar que esa fiebre conspiraba con todas sus fuerzas contra mi vida y que yo no llegaría a presenciar el nacimiento de mi bebé. El dolor de cabeza me empujaba las lágrimas que me faltaban por vivir después de esos 9 meses horrorosos que había vivido.

¿Podría suceder algo peor que un embarazo sola, vómitos constantes hasta los 5 meses, depresión continua y sin horarios, llantos por todo y delante de cualquiera? Fueron llantos que parecían no tener fin, llantos de todo un día, de noches y de madrugadas. Llantos llenos de dolor por un abandono, llantos de nostalgia, de soledad, de mil por qués sin respuestas... y por si fuera poco, un accidente a los 6 meses en el que los dos pudimos haber perdido la vida.

Tenía la panza llena de estrías que picaban, ardían, dolían, y que las sufría como un profundo y triste adiós a mi juventud.

Quise advertirle a mi abuela y de mi estado, pedirle que me llevaran al hospital, pero no pude levantarme de la cama después del segundo baño. Recordé que tenía mi celular debajo de la almohada y la llamé muchas veces (ya que mi doctor no se enteraba de mis llamadas). Puedo recordar perfectamente cómo el frío no me dejaba mover, me hacía prisionera obediente de sus garras, todo me temblaba, los huesos me dolían demasiado. Quise gritar: “¡Mima!”, “¡Doctor!”, —cualquiera que me oiga— por favor, vengan a mi cama, pregunten cómo estoy… Fue la peor noche de mi vida y parecía no tener fin. Nunca antes había deseado que saliera el sol en las mañanas como esa noche. Nunca lo había agradecido, nunca lo había esperado tan ansiosa.

Siempre le había dicho a mi abuela que por qué despertarse temprano en sus días de descanso, pero ese día, verla llegar a mi cuarto a las 6 de la mañana, fue una bendición.

Llegamos a las 9 y media al hospital de Capel Coral y yo creía que en cualquier momento mi vientre estallaría. Me sentía agotada y sin fuerzas. No había comido bien en los últimos días, no había podido dormir pero sentía más pánico que sueño al saber que había llegado el momento.

Me llevaron en una camilla a una sala fría. Mi cama tenía vista a la calle —lo que agradecí porque intentaba distraerme mirando los autos y a las mujeres que imaginaba en una pasarela exhibiendo las botas y bufandas de la temporada. Por momentos me imaginaba escapándome del hospital en un auto de esos, o que era yo una de esas chicas con botas, bufandas sonrientes y con sus estómagos planos. Deseé también ser la viejita que cruzaba la calle con dificultad, el policía aburrido que paraba el tránsito, el perrito vagabundo que miraba con ternura a cualquier dueño que lo adoptara… quería ser una nube, un árbol, una hormiga… cualquier cosa menos ser yo misma y estar allí entre agujas, espéculos, y olor a clínica.

—Me quito el sombrero ante todas las madres valientes que trajeron a sus hijos a este mundo sin llorar. Yo, no fui una de ellas.

En la espera no dilaté ni medio centímetro en cuatro horas. Intentaban bajarme la fiebre… bajaba y me subía de nuevo. Las contracciones eran inaguantables. Por fin mi doctor ordenó una cesárea de urgencia… No quería demostrar mi fobia, pero estaba completamente espantada. Mientras me llevaban a la sala de operación solo pensaba: “ya falta poco para que todo esto acabe…” Me pincharon la columna más de tres veces sin éxito, yo intentaba quedarme quieta pero mis temblores eran involuntarios... Finalmente, dejé de sentir mi cuerpo, y escuchaba al doctor dar instrucciones, y unas manos procuraban sacar algo de mis entrañas, y ya no sentía dolor… Una gran excitación renació por un instante… deseé ver la cara de mi hijo, y entonces escuché su llanto…

Gabriel arribó a este mundo a pesar de mis pesares sano y hermoso el 6 de diciembre a las 4:16 de la tarde. Contemplé ese día un lindo atardecer desde mi cama y dí gracias… Lo estreché contra mi pecho y observé otra vez la calle. Vi nuevamente a las chicas hermosas con botas y bufandas paseando ajenas y sonrientes; pero esta vez no quise cambiarme por ellas... Miré sus ojitos y supe que lo amaba…

Hoy mi hijo cumplirá su primer añito de vida. Ha sido un año difícil, intenso, días de desvelos perennes, madrugadas, hospitales, y llantos que a veces no he sabido cómo manejar ni cómo acallar. Un bebé que todavía no dice lo que siente, lo que piensa, lo que le duele; pero en su mundo nuevo y desconocido, cada día cuenta.

Fueron sus primeros sonidos, luego sus carcajadas, sus miradas cada vez más fijas, luego ya me reconocía, de pronto gateaba, y sus primeros dientecitos…

Cuánta paciencia, cuánto cuidado, cuánto amor le he regalado en este año a mi niño.

Este 5 de diciembre fue muy distinto. Mami preparó tu fiesta de cumpleaños sin fríos, sin fiebres, sin abandonos... ¡Hoy la historia es feliz y diferente...!

© 2011 Vista Semanal. All rights reserved. This material may not be published, broadcast, rewritten or redistributed.

  • Enviar
  • Comentar
  • Compartir
  • Imprimir

Comentarios » 0

¡Sea el primero en escribir un comentario!

Comparta sus pensamientos

Los comentarios son de exclusiva responsabilidad de la persona que publica ellos. Usted está de acuerdo en no publicar comentarios que son fuera del tema, difamatorio, obsceno, abusivo, amenazador o una invasión de la privacidad. Los infractores pueden ser prohibidos. Haga clic aquí para ver nuestro acuerdo de usuario completo.

Los comentarios pueden ser compartidos en Facebook y Yahoo!. Añadir las dos opciones mediante la conexión de sus perfiles..

Destacados