Alejandro Sanz describe en su canción, “A la primera persona”, su deseo de encontrar a esa mujer que lo ayude a comprender, a salir, a seguir, y a sentir otra vez. Es una canción llena de anhelos y peticiones silenciosas que hacemos cuando deseamos encontrar a alguien que despierte en nosotros todo lo que hemos estado guardando para alguien que se interese en descubrirlo.
Supongo que éso es lo que primero me atrajo a la letra. Pude identificarme con ella porque yo nunca había tenido a una “primera persona” en mi vida.
Hace casi un año que escribí mi última columna en Vista Semanal. Ni recuerdo haberla escrito, pero de lo que sí me acuerdo son las razones por la cual no seguí escribiendo.
Un día descubrí que había llegado la primera persona a mi vida y todo mi tiempo y mi ser giraba alrededor de él. Mi mente no me daba como para sentarme a escribirle a un mundo allá afuera cuando el mío estaba dando vueltas como un carrusel de niños lleno de color y de luces. Era como si mi mundo gris se había tornado a color y se habían prendido todas las luces de mi interior. ¡Las canciones de amor tenían sentido!
Los colores eran más vivos, veía flores en cada esquina, me sentía más bella que nunca, mi sonrisa llevaba un secreto, y con mi mirada, mis ojos decían, “¡Ahora sí estoy viva!”. Fueron meses llenos de cosas, momentos, y sentimientos indescriptibles. ¿Qué les puedo decir? Estaba feliz. Y en la tierra del olvido dejé el deseo de sentarme y organizar pensamientos y ponerlos en palabras coherentes para mi columna Desde Adentro.
Pero cada historia tiene un final, y tanta felicidad a veces parece ser ilegal. Llegó el Año Nuevo, y con él un nuevo sentir. Podías tocar la puerta de mi corazón, pero no había nadie en casa. Todas las luces estaban apagadas y mi alma estaba de vacaciones.
Como dice Sanz:
Yo te puedo contar cómo es una llama por dentro,
yo puedo decirte cuánto es que pesa su fuego,
y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo
donde no existe ni Dios, donde no existen verdades.
Y así me quedé. Como zombi. Con bombas detonando en mi cabeza. Como si el fuego y la lluvia habían entrado en una guerra mundial dentro de mí y por muchos días, semanas o meses, quedaba una sombra de lo que una vez fui caminando invisiblemente por un nuevo camino.
Pero como dice el refrán, “Hay que darle tiempo al tiempo.” Y como tiempo es lo que en estos momentos sobra, me toca darlo.
Han sido siete meses, y parece que mi luna y mi sol han hecho sus pases, y mi mente, que era puro algodón y pajaritos, ahora tiene un ferviente deseo de expresarse de nuevo.
Como si hubiera llamado con el pensamiento, Maritza Cordo, mi querida editora, me llamó primero. “¿Te gustaría volver a escribir para Vista?” ¡Imagínense mi felicidad! Esa invitación era justo lo que necesitaba… Pues, aquí estoy. Feliz nuevamente de poderles compartir de lo tanto que hay dentro de mí y lo mucho que todavía hay por vivir.
Este es el primer día del resto de mi vida.
Con Amor “Desde Adentro”,
Charis





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