DANIA FERRO: Mandamos lo que nos quitamos ¡NO! lo que nos sobra...

Dania Ferro autora de 'Diálogo con mi corazón'

Dania Ferro autora de "Diálogo con mi corazón"

Yoanis había cobrado su primer sueldo trabajando en un McDonald’s de Naples. Este era el primer trabajo que había conseguido en este país después de llegar de Cuba (y después de 6 meses de búsqueda constante).

“¡Qué suerte poder tener aquellos primeros 500 dólares en mis manos! Todos juntos, todos míos”... me cuenta ella emocionada.

Se los había ganado con mucho sacrificio. Iba a sus clases de inglés por la mañana en un bus y trabajaba en las tardes desde las 2 hasta las 12 de la noche. Tenía una hora para comer y un descanso de 15 minutos cada dos horas.

¡Había sufrido tantas humillaciones! Muchos clientes le decían enojados: “If you are not speaking English what are you doing there? Come back to your country!” Cuántas veces lloró mirando al suelo para que no la vieran las cámaras de seguridad. Cuántas veces lloró bajito en el baño para que nadie la oyera. Cuántas veces le hablaron y no entendió ni papa de lo que le dijeron y sintió mil veces más ganas de llorar, de gritar, de salir corriendo de allí.

Pero necesitaba mucho el dinero. Y allí estaban por fin sus primeros 500 dólares. El pago de la primera quincena trabajada.

Yoanis se sentía como la cucarachita Martina del cuento infantil: “¿Qué me compraré? ¿Qué me compraré?"

Por esos días su prima Yenisel, junto a la que creció de niña, cumpliría sus quince años en Cuba. Los cumpliría lejos de ella y de su tía que tanto la amaba —era la mamá de Yoanis.

Yenisel siempre fue muy distinta a ella. Siempre fue más fuerte, más seria, más linda.Siempre fue menos confianzuda. Menos soñadora, menos nostálgica. Hablaba poco y era muy desconfiada; como si la vida le hubiera tocado dura e injusta. Como si todos los amigos que nunca tuvo la hubieran traicionado siempre. A sus 13 años todavía se orinaba algunas veces en la cama y le importaba un comino que se burlaran de ella. Siempre fue más alta. Tenía el pelo castaño, siempre muy corto. Su piel era blanca como si no hubiera nacido en Cuba. Sus ojos eran verdes, intensos, grandes, expresivos, serios y distantes.

Nunca fue delgada, ni gorda, odiaba ser delgada. Era tonificada, de huesos firmes y piernas encantadas. De muslos jugosos. Tenía verdaderas caderas latinas y una sonrisa —rara vez la usaba— que le lucía preciosa.

Yenisel odiaba los libros, odiaba la escuela. Soñaba con viajar mucho y vivir muy bien. Le gustaba la ropa linda y bailar. El único sueño que se le conocía —además de vivir algún día en los EE.UU. — era formar parte algún día de un cuerpo de baile profesional. No le gustaban los niños y nunca fue ordenada.

Yoanis adoraba a su prima Yenisel y no quería que sus 15 años pasaran inadvertidos como fueron los de ella.

Los de ella pasaron sin fiestas, sin fotos, ni vestidos. Todos los bienes que tenían en Cuba fueron vendidos en dólares para pagar los tres pasajes de avión después de ganarse los papeles de la famosa lotería de visa en Cuba. El de su papá, el de su mamá y el de ella.

Sus 15 años habían pasado con más penas que glorias. Nunca conoció la magia de unos 15 años divinos, ni dignos de recordar, ni significaron nunca nada. Nada importante sucedió. No se hizo fotos, no celebró nada, ni siquiera se veía bonita. No había asomo de senos ni voluptuosidades en ese cuerpo de niña pronta a ser mujer. Era mucho más delgada que el resto, más pequeña de estatura que el resto. Usaba aparatos en sus dientes que la hacían ver aun más fea y ridícula; menos deseada por los niños de su edad y mucho menos aprobada por los mayores que preguntaban siempre con sarcasmo: “¿cuántos años tienes, 9 o 12? ¿Cómo así que estás en la secundaria? Seguro estás equivocada de grado. Te pareces a Pippa Mediaslargas. Una garza tiene piernas más gordas que tú. Eres la niña de la espalda más larga del mundo”…

En fin, así fueron sus 15 años, con más penas que glorias; y Yoanis no quería que fuera éste el caso de su prima Yenisel. Así que sin pensarlo más se fue a Miami y gastó todo su primer sueldo en ropa para ella.

Ese fue su regalo de cumpleaños. Le compró ropa nueva para sus 15 con todo su amor. Le compró todo lo mejor y lo más lindo que pudo hasta donde alcanzó el primer sueldo de una chica de 21 años que estudiaba y trabajaba para ayudar a sus padres.

Yenisel sería entonces la primera de la familia que tendría una celebración de 15 años con bellas fotos y con esos vestidos y peinados de señoritas de sociedad. Yenisel había pedido que le mandaran dinero para comprarse una bicicleta. Una bicicleta que más tarde le terminaría robando uno de los malvados y rateros del pueblo. Ese seguramente no sabría nunca del esfuerzo que hicieron los padres de Yoanis para complacer a su sobrina Yenisel... Yenisel tampoco se enteraría nunca que el primer sueldo de Yoanis fue completamente para ella...

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