Zeny y Miguel: Cuando el amor vence fronteras

Un miembro de Border Angels cuelga una cruz de madera junto a una rosa en el muro fronterizo en la frontera México-Estados Unidos en Tijuana, México. Foto archivo del 14 de febrero 2011.

Photo by Foto AP Arias / Guillermo

Un miembro de Border Angels cuelga una cruz de madera junto a una rosa en el muro fronterizo en la frontera México-Estados Unidos en Tijuana, México. Foto archivo del 14 de febrero 2011.

Zeny nació en Texas, tierra del norte, de padres hondureños. A sus 27 años es madre de tres hijos, Elira de 12, Reila de 6 y Kiril de 3 años. Sostiene hace 12 años una relación con su esposo Miguel, procedente de las afueras del Distrito Federal, Ciudad de México.

Ella tenía 15 años cuando lo conoció, él tenía 19. Fue un amor que nació a primera vista en una estación de gasolina. El tomó la iniciativa de seguir el auto de ella, y en cuanto pudo le hizo señas con sus luces. Ella valiente y atrevida se estacionó cerca de una farmacia para intercambiar su número telefónico. Hablaron muchísimo por teléfono antes de volver a verse y cuando ese encuentro sucedió iniciaron una relación que el padre de Zeny nunca aprobó. Ellos sin embargo, se casaron en junio del 2001, pese a todos los malos presagios que las voces del destino pretendieron vociferarles, en plan de advertencia.

Después de casados ella insistió en varias ocasiones para que ambos aplicaran y él pudiera resolver su situación como inmigrante indocumentado; pero él siempre alegó que “no se había casado por una maldita conveniencia de obtener papeles lícitos, sino por una única y exclusiva razón: por amor”.

En el 2002 Zeny determinó, aún sin el consentimiento total de su esposo, empezar el proceso con inmigración, cuando recién los ojos del mundo estaban en los acontecimientos del 9/11/2001 de las Torres Gemelas.

Tuvieron su segunda hija a finales del 2006 y en el 2008 quedó embarazada sorpresivamente de su tercer hijo a pesar de toda precaución. Pasaba el tiempo y nada lograba solucionarse. No había ni una sola respuesta alentadora para su caso.

Su tercer embarazo fue muy difícil. Miguel quedó sin empleo y no lograba conseguir ningún otro. Después de varios meses sin trabajo lo llamaron para trabajar el mismo día que nació su tercer hijo, por lo que él no alcanzó a estar presente en el momento del parto para acompañar a su esposa. Tres semanas después le prometieron un buen trabajo en Louisiana y Zeny quedó sola con sus tres hijos. Regresó decepcionado; nunca le pagaron y consideraron que su condición de indocumentado lo inhabilitaba para reclamar.

Zeny comienza a trabajar. Miguel continuaba sin encontrar un empleo, su licencia estaba a punto de expirar, el hecho de no poder aportar con los gastos de la casa lo consumía en una profunda depresión. Desesperado decide regresar a México. Su esposa lo apoya, está dispuesta a seguirlo con tal de que la familia permaneciera unida. Ella renuncia a su trabajo y lo acompaña, emprendiendo un nuevo rumbo con la esperanza de que todo fuera mejor ahora.

Al principio todo parecía marchar bien. Tuvieron una casa que los acogió, tenían un dinero ahorrado y lograron sobrevivir un tiempo. Pero el dinero ahorrado duró muy poco y Zeny como ciudadana americana, casada con un mexicano, no podía trabajar en México sin el requerido proceso de legalización que tarda unos tres años. Ni el podía trabajar aquí, ni ella podía trabajar allá. Se ocupaba de los niños y vendía hamburguesas en la calle.

Contacta a un abogado que le da esperanzas para su situación y regresa optimista con sus tres hijos a los Estados Unidos confiada en que pronto concluiría este asunto.

Tardó tres meses en conseguir trabajo. Luego, la renta, los gastos extras de dos niños con necesidades especiales, las amortizaciones, más un abogado que terminó estafándola sin solucionarle nada.

El hecho de que él hubiera salido del país empeoraba su condición. Ese año Zeny trabajó duro para reunir un poco de dinero y regresar a México al lado de su esposo, lo que significa que otra vez los niños se enfrentan al cambio de escuela, de ambiente, de país, y de idioma, y lo padecen terriblemente. Reconoce que se han vuelto niños angustiados, ansiosos, desobedientes. Se niegan aceptar su inestabilidad.

La economía en México empeoraba cada día y humildemente les daba para comer. La misma escena se repetía: él trabajaba todo el día, ella se ocupaba de la casa y de los niños. Para Zeny —que apenas habla español— la vida en México era cada vez más difícil y decide drástica y definitivamente regresar a los Estados Unidos, con la creencia beatífica de que no estaría muy lejano el día de una reforma o ajustes de las leyes migratorias que hiciera más justa su existencia y la de su familia.

Han pasado 6 meses desde que Zeny regresó a Fort Myers con sus hijos, y aunque actualmente está trabajando, un solo sueldo para esta familia no es suficiente. Dos de sus hijos sufren de condiciones médicas especiales, la niña padece Síndrome de Tourette* (Tourette's Syndrome) y su hijo menor fue diagnosticado con una enfermeda del cerebro Malformación de Chiari I ** (Chiari I Malformation).

Dos meses atrás, en un acto de desespero, su esposo intentó cruzar la frontera, pero fue interceptado y deportado a su país.

“Mis hijos y yo lo necesitamos”, cuenta Zeny entre lágrimas. “Entre los problemas de mis hijos, las citas médicas, el trabajo, y mis propios problemas, siento a veces que voy a enloquecer. Mi esposo me dice que se siente fatal porque no ha podido ofrecernos estabilidad... siempre de un lugar a otro... Nuestras familias han llegado a decirnos que lo mejor es que hagamos nuestras vidas por separadas, pero nosotros dos no nos hemos dado por vencido; seguimos luchando por ese final feliz de todos los cuentos: ‘y vivieron felices para siempre’... No hay un solo minuto que yo no me pregunte: ¿cómo vamos a salir de esto?

Zeny y Miguel han cumplido recientemente 11 años de casados aunque no celebraron juntos su aniversario de boda, ni cenaron juntos la noche de Acción de Gracias, ni estarán unidos este 24 de diciembre, ni intercambiarán regalos bajo el árbol en familia esta Navidad. Viven una separación que se multiplica cada día en la distancia, no se ven, no se abrazan, no se pueden estrechar en un beso. Por teléfono cada día se prometen que todo cambiará y que el amor logrará por fin vencer las fronteras…

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Nota de la autora: Esto es una historia real donde todos los nombres usados son ficticios por decisión de la protagonista. Zeny me contactó personalmente al saber que escribo y documento historias de la comunidad. Sentada en la sala de su casa escuché cada detalle, pude sentir su dolor, me sensibilicé con ella, y abrazadas lloramos juntas hasta que el timbre de su teléfono nos interrumpió… Su hija de 6 años corriendo se acercó y preguntó: “¿Mami, es mi papá?” “No, es tu abuela”, ella respondió. Entre sollozos Zeny me miró y dijo:

“Por favor, ¡prométeme que escribirás mi historia!”

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Comentarios » 1

JulioLopez writes:

La realidad es mas cruda que la ficción. Ojalá esta pareja pueda resolver su terrible situación. Siempre son los hijos los que mas sufren estas realidades. Mucha suerte, mucha fuerza!

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