DANIA FERRO: Dania, sus historias…y sus apellidos

Dania Ferro autora de 'Diálogo con mi corazón'

Dania Ferro autora de "Diálogo con mi corazón"

Hasta lo más simple en la vida de cualquier persona, ha sido complicado para mí: el apellido.

Dania fue el nombre que eligió Idania, mi madre, para mí. Ella tenía el inequívoco presentimiento que sería su única hija y quería un nombre parecido al de ella. Debí haberme llamado —según las reglas de la sociedad, primer apellido del padre seguido del de la madre— Dania Hernández-Cruz Mena.

Cuentan los que estuvieron presente el día de mi nacimiento que mi padre llegó al hospital para verme (luego de nueve meses de ausencia) y que mi madre lo expulsó de allí sin reparos. Nunca más volvió a aparecer en mi vida; ¡aunque yo siempre desee que estuviera...!

Quedé registrada entonces en el acta de nacimiento solo con los apellidos de mi madre, con los que viví parte de mi infancia y así matriculé en el preescolar siendo Dania Mena Hernández.

Cuando tenía nueve años mi abuela se casó con un preso político con la intención de poder salir del país. Como no deseaba irse sin mí, decidió — con el consentimiento de mi madre— adoptarme como su hija. Todavía cierro los ojos y puedo recordar a mi madre firmando una docena de papeles y yo con sentimientos de: "No entiendo nada". Pasé entonces a ser hija de mi abuela (y de Mario González, el señor con quien ella se había casado) y hermana de mi mamá. Ahora yo era Dania González Hernández.

Los trámites no resultaron y la Oficina de Intereses de los Estados Unidos nos deniega la salida de Cuba. Mi abuela María hizo varios intentos de salir conmigo de Cuba en barco desde la Isla de la Juventud o Isla de Pinos; pero terminamos siempre quedándonos, diciéndole adiós a los que sí se atrevieron; a los que descartan con fe y optimismo un posible desastre; a los que le temen a la dictadura más que al mar...

En la escuela ya las maestras y los niños que me conocían experimentan confusión mientras pasan lista porque ahora yo respondo bajo el nombre de Dania González Hernández.

Mario, mi supuesto padre legal desaparece y aunque iniciamos una búsqueda que se extendió durante meses por cada una de las catorce provincias de la Isla, no lo encontraron por ningún lado… había desaparecido o ¿habrá huido en uno de esos barcos en los que no nos atrevimos a irnos nosotras...?

De pronto estábamos nuevamente entre abogados intentando explicar esta inusual situación. Así comienza otro proceso legal que termina cuando “yo” soy solo hija de mi abuela. Mis compañeros de clase del 7mo grado me conocerán ahora llamándome Dania Hernández Hernández.

A los 14 años mi madre Idania se gana la lotería de visas e inician los trámites para emigrar a los Estados Unidos. Yo no puedo irme con ellos; solo tienen derecho los hijos, solteros, y menores de 21 años. Soy menor de edad (tengo 14 años), soy soltera (no he tenido ni un novio) pero no soy su hija. Soy “hija” de mi abuela y “hermana” de mi mamá.

Así que nos quedamos los que pensábamos que llegaríamos primero y se van los que nunca quisieron o nunca lo planearon… Pero la suerte no nos abandonó: Tres años después mi abuela María también se gana la lotería de visa. ¡Increíble! ¡Es demasiada suerte!

Mi abuela María se divorcia de Mario y se casa con mi abuelo Efraín Ferro, el que me crió. Salgo de Cuba llamándome Dania Ferro Hernández y como aquí solo se usa un apellido, quedo llamándome como todos me conocen ahora: Dania Ferro.

Con ese apellido es que publiqué mi primer libro. Así me conocen los amigos con quienes estudié en Hodges University y los amigos del trabajo… pero me encuentro atrapada en esta nueva era de las redes sociales porque mis amigos de la infancia no logran encontrarme en Facebook... Me los imagino: “¿Cómo la busco? ¿Dania Mena? ¿Dania González? ¿Dania Hernández Hernández? ¿Dania Ferro Hernández?..."

Debí haberme llamado Dania Hernández-Cruz Mena, pero me gusta ser solo Dania Ferro: la autora de Diálogo con mi Corazón, la que cuenta historias en Vista Semanal y la madre de Gabriel Ferro. ¡¡Ah!! Porque mi hijo, como yo, tampoco lleva los apellidos de su padre… Pero ya esa es otra historia que algún día les contaré...

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