DANIA FERRO: La vida es un regalo

Dania Ferro autora de 'Diálogo con mi corazón'

Dania Ferro autora de "Diálogo con mi corazón"

Mi tía Lulú no quería tener hijos. Vivía quejándose de la situación económica, de la crisis mundial, de los bajos salarios...

Aseguraba que ella no podía (a veces) ni con su propia vida, así que “¿cómo traer a otra criatura a este mundo para que sufriera, llorara, trabajara y se sacrificara tanto para nada, para al final, morir?” ¿Por qué tenía que darle vida a otro ser para que padeciera las mismas fatigas, pesadumbres, o aflicciones que sobrellevaba ella?

Según ella, la vida era “dura”, “difícil”, “vacía”, “cruel”, “injusta”, “sin sentido”, “insoportable”; por qué compartiría una vida así con un hijo —si se supone que es la persona a la que más tu amas y para quien deseas lo mejor. Decía a veces que si su madre le hubiera preguntado antes de que ella naciera si deseaba nacer, su respuesta hubiera sido: “¿Para que…?”

Tía Lulú escuchó a su madre decir muchas veces: “Te traje a este mundo para que llenaras mi vida, para que me dieras alegría, para que me dijeras ‘mamá’, para yo poder trascender en ti, para que seas mi orgullo viéndote convertida en una gran profesional, para que me cuides cuando yo sea viejita"... Lulú pensaba que las madres eran egoístas al pensar así, quizás un egoísmo inconsciente, pero esa teoría respaldaba su idea de que “nunca” se convertiría en mamá.

Ella no se alegraba tampoco con los embarazos de otras y le molestaba escuchar sobre el inminente proceso: largos meses observando tu vientre crecer, malestares, nauseas, mareos; levantarse en las noches cada dos horas a orinar, o lo que es igual, no poder pegar un ojo en toda la noche; no saber que posición vas adoptar porque la incomodidad de la barriga es real e inevitable; desajustes hormonales con llantos, alegrías, euforias, ansiedad extrema, irritabilidad, insomnio, fatigas, falta de aire. Sería como una enfermedad que duraría un prolongado período de tiempo… ¡Ay no, qué horror! Repetía la tía Lulú. Demasiados cambios físicos y emocionales para los que ella no estaba —ni estaría nunca— preparada.

Jamás aceptaría que el embarazo es una etapa bella de la vida, y es más, aseguraba que quien se le ocurrió decir eso, nunca había estado embarazada; pero que las demás lo siguieron repitiendo por pena, por no parecer distintas al resto, por no quedar mal vistas delante de las demás que aseguran que ser madre era una de las experiencias bellas de este mundo...

La tía Lulú miraba siempre a las embarazadas con mucha compasión, como si fueran dementes, o unas completas masoquistas. ¡Nunca lograría entenderlas!

Si los hijos eran “prestados”, entonces, ¿por qué sufrir tanto por algo que nunca sería tuyo? El dolor de darles vida, la difícil y agobiante tarea diaria de educarlos, darles de comer, bañarlos, dormirlos, vestirlos... ¿Tantas noches de desvelos para luego verlos irse de casa? Y creer que somos afortunados cuando te visitan solo en Navidad o cumpleaños… Y preferirán a su pareja antes que a ti… Y siempre serías una mala suegra, pero la abuela perfecta que cuidaría nietos para que ellos se fueran a divertir…

Es ley de la vida que los padres mueran primero que los hijos, pero hay hijos que mueren antes que los padre y éste era otro dolor que Lulú pensaba evitar librándose del oficio de ser madre. Por donde quiera que lo mirara o analizara, ser madre era un sacrificio vano, que los hijos nunca agradecían verdaderamente...

Así fue como mi tía Lulú se alejó de mi madre cuando yo nací. Se fue de la casa. Nadie supo donde estaba hasta que al año mi madre recibió una carta de ella que decía:

“Hola, soy Lulú.

No sé por qué ni para qué, pero todavía vivo. Me casé con un guajiro de Piloto.

Espero que la niña (Yo) ya no se orine en la cama y duerma toda la noche sin llorar. Los extraño algunas veces... pero no quiero que me visiten hasta que la niña sepa hablar y pueda decirme si le duele algo. No soporto los monosílabos de los niños, tampoco me gusta estar perdiendo mi tiempo adivinando qué es lo que quieren o lo que les sucede. Me molesta que me pregunten el por qué de todo; que no me dejen dormir los mediodías y me pidan que los lleve a jugar al parque con ese sol inaguantable que me pone la cara roja y me quema la espalda.

Perdona mi sinceridad. Espero que todos estén bien.

Los veré algún día...”

Tengo muy pocos recuerdos de mi tía. Alcancé a verla solo tres veces en mi vida: cuando cumplí 15 anos, cuando murió el tío Chano y cuando fue a despedirnos al aeropuerto porque nos íbamos del país. Hace días recibimos una carta de Cuba que decía lo siguiente:

“Hola, soy Lulú,

Quería invitarlos al bautizo de mi hija. Tiene un año. Es una niña preciosa que (para mi sorpresa) no me hace sentir frustrada.

La llamé Estrella porque cuando vi sus ojitos mirándome, su sonrisa y su inocencia, iluminó mi vida.

La vida es un regalo y quise compartirla con ella. Vivir es una experiencia única, un camino que ella disfrutará mucho recorrer. Deseo que agradezca el regalo de vivir y que sea feliz. Estaba equivocada, lo reconozco. ¡Tener una hija ha valido mucho la pena!

Quiero pedirle perdón a mi sobrina (Yo) por todo el tiempo que perdí lejos de ella. Quiero pedirle que, por favor, me envíe una copia del libro que logró publicar. Quiero leerle sus poemas a Estrella...

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Comentarios » 1

myri59 writes:

La maternidad es dura y criar hijos no es facil... garantizado... pero el temor de la tia Lulu era mas sicologico que otra cosa y pues hay personas asi que no estan preparadas para ser madres y tal vez al tener su propia experiencia cambien de opinion como la tia Lulu... el mundo seguria siendo mundo con sus altas y bajas hijos buenos, madres malas o viceversa, quien sabe, lo importante es reconocer que no estamos preparados para tal responsabilidad y no hacerle dano a seres inocentes!!! Myrian

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