Columna Dania Ferro: Una escritora canalla

Dania Ferro, autora del poemario 'Dialogo con mi corazón' publicado en 2009, y 'Relatos de la Mrs López', publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Dania Ferro, autora del poemario "Dialogo con mi corazón" publicado en 2009, y "Relatos de la Mrs López", publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Una escritora cree tener un amigo diseñador que reside en el Caribe. Es un camarada de su tierra, quizás por eso ella elige sentir por él un afecto especial.

Se relacionaron por primera vez en Facebook cuando éste la contactó para proponerle un book tráiler para su nuevo libro. A la escritora la idea de un book tráiler para su ejemplar le parece estupenda, la madre de la escritora opina que ella no tiene necesidad de pagar 100 dólares por un video que repetirá lo que ya todos conocen. Esta escritora ha logrado promover su obra en programas influyentes de televisión, varios de esos programas pueden verse en Youtube, diversas revistas y periódicos se han pronunciado a favor de sus libros, ella ha viajado a otros países para promocionar, ha vendido más de 30 mil copias, sus columnas son publicadas semanalmente en un periódico significativo; pero aun así, todavía existen personas, malas personas que pretender hacerle creer que ella no es nadie, y aunque a veces esta escritora ha llegado a dudar de su acierto, se niega a claudicar… Rechaza y no admite que no exista en sus letras ni una vislumbre de talento… Sostiene que cada exhibición es meritoria; que cada aparición pudiera ser notable. Pretende, como todos los demás escritores, proseguir, ser leída, apreciada.

La escritora decide comenzar entonces por esos motivos a trabajar con el diseñador en la realización del proyecto sugerido por este. Transcurren dos, tres noches, quizás una semana en la que ambos trabajan juntos intentando darle forma a lo que sería aquel video que hablaría de su biografía. Ya no sería un book tráiler, la idea original ha cambiado y el diseñador propone una biografía, la escritora que es — como la mayoría de los de su condición — egocéntrica y siempre con sed de renombre, lo aprueba. La escritora trabaja con él, no está nunca ausente, ni recostada, sugiere las ideas, piensa en las imágenes, es exigente, nunca está conforme, quiere que todo salga bonito y que la gente que lo vaya a curiosear aprecie ingenio. El diseñador es paciente y parece siempre educado; la escritora se avergüenza pensando que al exigir excelencia se está comportando como alguien muy demandante, aunque vaya a pagar por eso.

La escritora tiene curiosidad por saber quién es realmente ese hombre tolerante que vive detrás de una pantalla complaciendo caprichos de escritores petulantes, así es que de vez en cuando le pregunta de su vida, de su familia, porque a ella no le gusta el trabajo impersonal, con gente de la que no conoce nada. El diseñador quiere leer su último libro para hacer un trabajo con fundamento. Ella se lo envía y resulta que el libro logra cautivar a su esposa. Ambas intercambian mensajes, siendo ya dos mujeres se comunican mejor, se cuentan historias… La esposa del diseñador le cuenta a la escritora que ambos comparten la crianza de un niño con necesidades especiales, que donde viven la situación económica es muy difícil y que deben pagar tratamientos. La escritora le cuenta que es madre soltera, que no recibe ayuda de parte del padre del niño, le cuenta cuanto esfuerzo le ha costado publicar sus libros, le habla de sus sueños de ser una gran escritora y le dice además que vive con sus dos abuelos maternos, que son ya mayores y de los cuales ella cada día se siente más responsable. La esposa del diseñador le escribe a diario, se hacen amigas, se interesan la una por la otra...

Así llega a saber que a ellos les gustaría vivir en los Estados Unidos, porque allí encontrarían más oportunidades para su hijo y para ellos. La escritora promete ayudarlos, se pasa horas en las noches con ojos pegados en el techo llorando por ese niño enfermo. Ya a la escritora no le va quedando mucho dinero, el dinero que ganó con su primer libro lo invirtió en una casa para su hijo. El nuevo libro acaba de ser publicado, pero en ese país donde ella vive ya nadie quiere gastar dinero en libros, los escritores se odian entre sí, muy pocos se apoyan, es difícil encontrar un escritor que hable bien del otro y por esa razón la escritora se siente triste y cada vez más preocupada por su situación económica, por la de su familia y por la de este diseñador a quien con tanto deseos se ha propuesto auxiliar. La escritora piensa cada noche antes de dormir en cómo lograr vender más libros para poder ayudar al diseñador y a su familia. El diseñador finaliza y exige 100 dólares por su trabajo. A la escritora esa cantidad le parece demasiado cara e injusta, debieron haber sido 50 porque ella también hizo su parte, ella también colaboró, también estuvo ahí aportando ideas y conceptos, pero prefiere callar, no decir lo que ha pensado, no quiere que la juzguen mal, no quiere que la bajen de esa silla imaginaria que la hace creerse la más misericordiosa y esplendida del mundo, no quiere que la llamen tacaña, porque esa escritora tiene cuantiosos defectos pero ése no entra en su lista, es más, ella reprueba y condena la cicatería. Así es que envía al Caribe esos 100 dólares con una gran sonrisa, con una enorme satisfacción. Después de remitir ese pago se siente una mejor persona. Contacta a otros escritores amigos para recomendarles los servicios del diseñador, está resuelta a tenderle una mano, no puede olvidar a ese niño enfermo ni un solo día de su vida. Cada vez que pasa cerca de una Western Unión solo desea tener dinero para enviarle, mira al cielo y llora, Dios sabe que no miente, que no exagera, que llora e implora: poder vender sus libros para poder ayudar a otros…

Una editorial reciente, que es ahora toda una novedad, conveniente y virtuosa, ha decidido amparar el nuevo libro de la escritora. Se siente dichosa. Un nuevo libro es siempre motivo para celebrar, para despertar esperanzas y utopías. La editorial organiza la primera presentación, la escritora anhela que el lanzamiento de su libro sea un evento extraordinario. Quiere anunciar su exposición a lo grande y vuelve a pensar en su amigo, el diseñador del Caribe. Le escribe, le pide otra vez sus servicios, aun sabiendo que va a tener que pagar más de lo que realmente vale. Aun sabiendo que va a tener que decir 10 veces “no me gusta” antes del resultado final. Ella tiene otros buenos amigos que le harían ese diseño que ella quiere igual o hasta mejor y gratis, pero el diseñador del Caribe es de su tierra y tiene un niño enfermo y esta escritora lo considera ya parte de su familia.

Llegan varios diseños, ninguno a ella le gusta realmente, luego de quejarse varias veces con él y luego de sentirse mal consigo misma por parecer una persona fastidiosa e insatisfecha siempre, le dice que el último le parece el mejor y se queda con ese. Ambos acordaron por Facebook que el pago sería luego de la presentación del libro, él no queda muy conforme pero acepta. Ella piensa que lo mejor es mandarle el dinero cuanto antes, pero su hijo también se enferma, le da neumonía, ella tiene pendiente una cirugía programada antes de la agenda para esos días, un policía la detiene y le aplica dos multas. Es una quincena en la que debe pagar la renta, la luz, los gastos del niño. Su abuela está enferma, ella se ha separado de su pareja, está completamente sola, necesitada, desarmada. Se han ordenado los libros de la presentación. Quiere enviar ese dinero, como mismo debe cumplir con sus otros compromisos económicos, pero definitivamente, no puede. Tiene que esperar que pase esa presentación, está segura que va a vender ese día muchos libros.

Dos semanas después él le escribe, se le ha presentado una situación familiar, necesita el dinero, le escribe de una forma demandante y hasta insensible. Ella le cuenta lo que le ha sucedido. Él vuelve a escribir otra carta, reclama su dinero y llega hasta a desconfiar un poco de que ella le vaya a pagar, no parece importarle otra vida que no sea la de él. La escritora no le contesta, no tiene fuerzas para escribir una línea, el corazón se le está saliendo del pecho, le duele la vida y el cuerpo, ya no quiere tener amigos como él y lo borra de su vida y de su Facebook. No hay un contrato firmado, pero ella no necesita un contrato, le basta con su palabra empeñada y sus buenas intenciones. Este diseñador le escribe atrevidamente a la presidenta de la editorial, protesta argumentando que es una vergüenza que la escritora esté ligada a ellos. Pregona que escribirá a todos los escritores para que todos se enteren de quién es realmente esa escritora miserable, a la que pretende demandar. El diseñador tiene otros amigos escritores que por supuesto, se compadecen de su historia y su versión. Una de las amigas del diseñador se atreve a hacer pública la situación un día antes del lanzamiento oficial del nuevo libro de la escritora. No mencionaron su nombre, pero todos los escritores se han insultado con el incidente de esa escritora despreciable, que no pagó por un servicio. La llaman por los peores nombres, es una escritora porquería, es la peor, es la más miserable de todos los escritores existentes en este universo. El objetivo era claro, sabotearle la presentación a la escritora y desprestigiarla.

Muchos han opinado, nadie ha pedido su versión, y algunos ya la han apodado la “escritora canalla”. Ella asegura que lo peor de todo ha sido perder a ese amigo que creía tener… ese diseñador del Caribe.

.........

La escritora cumplió con el convenio un día después del lanzamiento de su nuevo libro: envió el dinero (y hasta un poco más de lo acordado).

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