Aquí entre nos: La Navidad y las frases de mi madre

Columnista Urzula Esponda es dueña de la compañía de catering '4 U to go'. Encuentre sus recetas en: www.facebook.com/4utogo

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Mi casa tiene un árbol al que también parece que le explotaron las esferas de colores. Urzula Esponda

Mi casa tiene un árbol al que también parece que le explotaron las esferas de colores. Urzula Esponda

Hoy las repisas tienen guirnaldas con listón rojo y blanco. Urzula Esponda

Hoy las repisas tienen guirnaldas con listón rojo y blanco. Urzula Esponda

El fin de semana pasado por primera vez adorné de Navidad mi casa y cada esfera que ponía en el árbol, me recordaba la pesadilla que mi pobre madre vivía con nosotros cada año.

He de confesar, que a diferencia de muchos, Navidad no era mi época favorita del año, para mí no era divertido, pero mi mamá lo disfruta muchísimo. Cuando comenzaba Diciembre, de pronto se veía a mi mamá con su tamañito, trepada en los closets de cada recámara de la casa, sacando montones de cajas de todos los tamaños y diferentes decoraciones navideñas. Cada vez que terminaba con un closet, pasaba cargada de cajas anunciando “El sábado ponemos el árbol”, “No olviden que el fin de semana adornamos la casa, y sin cara de Viacrucis por favor”. Lo guardado en esos closets no era suficiente... faltaba el desván, donde había otro montón de cosas.

Una vez que todo estaba apilado en la sala, solo faltaba esperar el fin de semana, para comenzar la transformación.

En muchas casas, cuando se reúnen para adornar el árbol, se acompañan de villancicos. En mi casa no pasaba eso, bueno... cuando éramos chicos los cantamos tanto, que yo creo que mi madre quedó hartada de escuchar “Feliz Navidad” con José Feliciano y “Los peces en el río” con Parchis. Así que en los últimos años mi mamá acompañaba ese día de la rumba de Cayito, una botana y un tequila… Ahora las tradiciones eran diferentes y la corona de adviento había quedado atrás.

Mi espíritu navideño era pobre, así que cooperaba poco, pero dirigía muy bien. Entre esfera y esfera, un baile, entre adorno y adorno, mi madre cantaba y no perdía oportunidad para lanzar sus famosas frases... “¡Ordena menos y ayuda más!”, “Ya te veré cuando tengas hijos”.

El árbol de Navidad de casa de mi mamá no tenía algún tema o color en especial, ese árbol tenía esferas de todos tipos y que han estado con ella por años. Había un ratón que representaba a mi hermano, porque así le decía cuando era niñito; y una de mis favoritas eran los Tres Reyes Magos hechos de fieltro, me gustaba acomodarlos uno en cada rama, pero no muy juntos.

Después de un arduo trabajo de mi madre, la casa quedaba transformada en Navidad... el árbol parecía que le hubieran explotado esferas, alfombras navideñas en cada una de las mesas, las velas rojas en los candeleros sobre la chimenea, los chocolates en su dulcera de cristal cortado, el turrón sobre la mesa del comedor, campanas por todos lados para tocarlas en cada momento y llamar a la buena suerte. Hasta la mesa puesta, aunque no fuéramos a cenar ahí, porque según las creencias y tradiciones de mi mamá y mi tía Paty, eso trae prosperidad, además de que mi madre decía “En esta casa no tiene que haber ‘pobretitudes’".

Hoy que Lucca está en mi vida, la directora se convirtió en ejecutora. Mi casa tiene un árbol al que también parece que le explotaron las esferas de colores, la puerta tiene una corona navideña hecha con mis manos, las repisas tienen guirnaldas con listón rojo y blanco; mi comedor no tiene la mesa puesta, pero sí un centro de mesa con velas rojas, y el espejo un gran moño rojo… Cada día cuando se va el sol, recuerdo aquella frase de mi madre... “¡Enciendan el árbol que para eso lo puse!”.

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