Columna Dania Ferro: Mi abuela

Dania Ferro, autora del poemario 'Dialogo con mi corazón' publicado en 2009, y 'Relatos de la Mrs López', publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Dania Ferro, autora del poemario "Dialogo con mi corazón" publicado en 2009, y "Relatos de la Mrs López", publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Archivo: Dania Ferro posa con su libro 'Diálogo con mi corazón'; junto a Cristina Saralegui, presentadora del Show de los Sueños de Univisisión; la actriz Angelica Vale; y su abuela Maria Hernández, quien fue la invitada sorpresa del programa, 2 de septiembre de 2009. Foto Sometida por Lourdes Lacret / Univision

Archivo: Dania Ferro posa con su libro 'Diálogo con mi corazón'; junto a Cristina Saralegui, presentadora del Show de los Sueños de Univisisión; la actriz Angelica Vale; y su abuela Maria Hernández, quien fue la invitada sorpresa del programa, 2 de septiembre de 2009. Foto Sometida por Lourdes Lacret / Univision

Tengo tantas anécdotas que pudiera contarles sobre mi abuela, que no cabrían todas en esta humilde nota, pero si quizás en el libro que escribiré sin falta algún día en honor a su memoria. Mientras escribo ahora estos renglones, me vienen muchos sucesos al recuerdo, cuando me llevaba por ejemplo en una bicicleta china todos los días a la escuela de allá, de Santa María. En una ocasión había llovido muchísimo y el camino de tierra roja se había convertido en un enorme lodazal y las gomas de la bicicleta se hundían y se atascaban en aquel fangal, de repente mi abuela resbaló y nos caímos de la bicicleta en medio de un gran charco, se me ensució todo el uniforme escolar, el pelo se me empapó de lodo colorado y decidimos regresar a la casa, ya eran como las nueve y media de la mañana; pensé que por las condiciones en las que se encontraba el camino y lo tarde que llegaría a la escuela — quedaba a casi 4 kilómetros de donde vivíamos— mi abuela consideraría la idea de no regresar y así yo tendría el día libre para jugar. Pero mi abuela me dijo: “Vamos a retomar el viaje y en esta ocasión procuraré no caerme, y tú no te preocupes, ¡que hoy llegamos!” Porque como dijo José Martí: “un niño debería echarse a llorar cuando ha pasado un día y no ha aprendido nada nuevo”. Ese día llegué a la escuela casi a las 11 de la mañana, pero lo más importante fue el hecho de aprender que no debía abandonar el camino por muy difícil que este fuera.

¡Cuántas cosas me ha enseñado mi abuela a lo largo de toda mi vida! Recuerdo que una vez, estando en la secundaria hubo una gala cultural en el cine de San Luis y yo quería comprarme un vestido carísimo porque todas mis amigas ya tenían sus trajes escogidos y eran trajes bellísimos todos y solo faltaba yo, pero mi abuela me compró uno sencillo y más barato. Yo tenía que presentar el evento y me daba vergüenza llevar aquel vestido blanco con flores rojas que tenía la apariencia de tan poca cosa. Antes de salir al escenario a presentar la actividad mi abuela me aconsejó: “Eres más que ese vestido que llevas puesto, brilla siempre por tu talento más que por el atuendo, ¡saca tu belleza interior mi niña!” Mima, será eternamente así, le prometí ese día.

Estoy segura que si alguien alguna vez llegara a pedirme que mencionara lo que más amo en esta vida, mi respuesta sería rápida, corta y precisa: ¡mi abuela! Mi abuela se llama María, como la Virgen más importante de la historia. Ella es la sexta de ocho hermanos. Creció en el campo, cerca de un río y me ha contado que en su casa —una casa humilde de madera y piso de tierra— solo había cuatro camas y ellos eran diez. Las tres hermanas, Benedicta, Arnelia y ella dormían en una misma cama; Guillermo, Luis Alberto y Cevero dormían en otra; y Antonio y el Nene que eran los más pequeños dormían en la restante. La cuarta era ocupada por sus padres. Como ellos eran pobres y eran tantos hermanos mi abuela nunca tenía merienda para llevar a la escuela, así que se despertaba bien temprano en la mañana y tocaba la puerta de alguna casa de los hacendados y le ofrecía sus servicios para barrer las hojas de los árboles que habían caído sobre sus extensos patios. Estos casi invariablemente aceptaban su trabajo, ella nunca supo bien si lo aprobaban por verdadera necesidad o por lástima, pero siempre le pagaban una peseta y con eso compraba sus “durofríos” en el colegio o algo para comer. Cuando era niña tenía el cabello rebelde y greñudo y no le gustaba peinarse y se le hacían nudos en el pelo y este iba cobrando entonces la apariencia de un pelo de negra, por eso la llamaban “La Negra” y todavía quienes la conocieron de niña y la quieren mucho, la llaman así. A mi abuela le encanta que la llamen “La Negra” a pesar de ser muy blanca y tener pecas por todo su cuerpo. Le gustaba trabajar ensartando hojas de tabaco y con sus casi 13 años era capaz de hacer 65 cujes de tabaco al día. Cuando llegó la oportunidad de alfabetizar en Cuba, fue de las primeras en inscribirse en las listas para hacerse maestra. Recogió café en la provincia oriental de la isla a los 17 años. Fue madre a los 22 años, tuvo tres hijas y dos matrimonios, las dos primeras hijas fueron producto de su primer matrimonio y la última de su segundo matrimonio, el cual mantiene hasta la fecha. Siempre anhelo tener un hijo varón y esperaba que en el tercer embarazo se cumpliera su deseo, pero dio a luz a su tercera hija, le hicieron cesárea y se le complicó. Estuvo tres meses en coma. Y fue gracias al esfuerzo de muchos médicos y a sus ganas de continuar viviendo que ocurrió el verdadero milagro de que volviera a la vida. Se convirtió en mi abuela muy joven, pues mi mamá tenía apenas 18 años cuando yo nací. Desde entonces ha criado a todos sus nietos sin quejarse nunca — tiene cinco en total. Ahora tiene un bisnieto al que consiente, lo duerme, le da la comida, lo baña. Mi abuela ama las plantas, creo que no existe algo que disfrute más que sembrar, cuidar y regar sus flores, asegura que no puede vivir sino tiene un jardín cerca. Por eso mi abuelo, el padre de mi papá, siempre le llamaba “Puchero lleno de flores”.

Mi abuela casi nunca protesta, ni se lamenta por nada. Continuamente se le ve ocupada, como si tuviera muchas cosas que hacer; vive sonriendo constantemente y pareciera que en ocasiones hablara a solas consigo misma. En Pino Solo un vecino apodado Delfín la llamaba “la guagüita de la quinta” porque se la pasaba dando viajes a San Luis. Era difícil encontrarla un día completo en casa. Asiduamente había algo que ir a buscar a San Luis; visitar a algún enfermo, llevarle comida a un necesitado. No creo que exista otra persona que ame y valore tanto la vida como ella. No desfila un solo día ante sus ojos que ella no lo describa como hermoso, que lo gratifique. Sus estaciones favoritas del año son la primavera y el verano, el invierno le seca sus platas y el otoño la llena de añoranza. No le gusta vivir en las grandes ciudades, prefiere la vida apacible y sosegada del campo. Le gusta cocinar y que sobre siempre comida para así brindarle a cualquiera que se presente de visita en nuestra casa. Llevo 29 años durmiendo al lado de mi abuela, y agradeciéndole a la vida, a Dios, al tiempo y hasta la muerte de que se hayan compadecido de mí y me hayan permitido tenerla y disfrutarla hasta entonces. Verla a mi lado cuando despierto en la madrugada, o que sea su rostro lo último que vea cada noche antes de dormir y cada mañana al despertar, ¡es lo que más agradezco en esta vida!

© 2013 Vista Semanal. All rights reserved. This material may not be published, broadcast, rewritten or redistributed.

  • Enviar
  • Comentar
  • Compartir
  • Imprimir

Comentarios » 0

¡Sea el primero en escribir un comentario!

Comparta sus pensamientos

Los comentarios son de exclusiva responsabilidad de la persona que publica ellos. Usted está de acuerdo en no publicar comentarios que son fuera del tema, difamatorio, obsceno, abusivo, amenazador o una invasión de la privacidad. Los infractores pueden ser prohibidos. Haga clic aquí para ver nuestro acuerdo de usuario completo.

Los comentarios pueden ser compartidos en Facebook y Yahoo!. Añadir las dos opciones mediante la conexión de sus perfiles..

Destacados