Columna Dania Ferro: Mi primera composición, una historia real

Dania Ferro, autora del poemario 'Dialogo con mi corazón' publicado en 2009, y 'Relatos de la Mrs López', publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Dania Ferro, autora del poemario "Dialogo con mi corazón" publicado en 2009, y "Relatos de la Mrs López", publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

“Probablemente tendremos hoy en clase dos alumnas atrasadas. Roxandra y Dania. Ambas se han ausentado mucho por estos días. Ha sido una semana clave en la que todos aprendieron a redactar sus primeros párrafos. Esperemos que ellas logren ponerse al día lo más rápido posible y avancen al compás del resto. Copien el asunto”, terminó diciendo la maestra Sofía.

Leí en la pizarra: “Desarrollo de una composición”, y una energía extraña me sacudió como si fuera electricidad; sentí en ese instante una corriente rara como torbellino interno y me aterroricé. Luego volví a leer tres títulos que la profesora había anotado en el tablero: “Un viaje inolvidable” “¿Qué significan para ti, tus padres?” “Mi escritor cubano favorito”.

Todos abstraídos copiaban y copiaban ensimismados en sus cuadernos. Yo los observaba con un interés escéptico y me preguntaba: “cómo y de dónde sacan tantas ideas, tanta imaginación para llenar dos páginas de historias”. A mí no se me ocurría nada, sólo mirar más allá de la ventana. Me acomodé en mi silla esta vez decidida a intentarlo, miré mi hoja en blanco, tomé el lápiz en la mano con convicción y no me venía nada interesante a la cabeza. Los demás ocupaban ya tres hojas y le mostraban orgullosos a la instructora sus escritos. Mi página continuaba en blanco.

Mi abuela siempre me había regalado buenos libros. Leer era mi pasatiempo favorito, siempre quise escribir libros como los que había leído y entonces, por qué ahora no era capaz de escribir ni un solo renglón. Tenía miedo, mucho miedo de no hacerlo bien, de que los demás me superaran, de no llegar nunca a ser la mejor. Quería ser la mejor escribiendo, pero no sabía cómo lograrlo sin ni siquiera haberlo intentado.

Había estado ausente unos días porque me había enfermado de la garganta y tuve fiebre de 39 y 40. Nunca en mi vida había creado una frase, ni escrito una simple carta, ni un párrafo, cómo iba ahora a escribir una composición. Los alumnos iban poniéndose de pie en el orden que eran mencionados y leían en voz alta sus composiciones. Cuando eran buenas la maestra y los demás aplaudían, cuando era mala todos formaban un corro y gritaban: ¡Uhhhh! Temía que en cualquier momento llegara mi turno y mencionaran mi nombre. Empecé a sudar, el cuerpo me temblaba, me dolía el pecho, sentía que el cerebro me iba a estallar, los ojos se me llenaban de lágrimas. Tenía taquicardia. Me faltaba el aire. Pedí permiso para ir al baño, la profesora me autorizó y entonces por primera vez me fugué del colegio.

Mi abuela había sido maestra, alfabetizó a mucha gente en los tiempos de la revolución cubana que se había iniciado en el año 1959. Ahora era la administradora en una tienda y siempre pasaba por mi en una bicicleta china después de la 5 de la tarde. Ese día me fui caminando sola (con mis apenas 11 años) hasta Pino Solo, pero corté el camino y me desvié por un atajo que había por la casa de tabaco o “escogida” donde trabajan la mayoría de las mujeres de Santa María. Por el camino esquivé varios toros que divisé desde lejos; me ensucié todos los pies de lodo y hasta me lastimé la espalda cruzando varias cercas de alambre de púa, escapando de los toros y del resto de todos los animales que andaban sueltos por aquella pradera. Fue fácil encontrar la llave de la casa, escondida en el jardín, en el lugar de siempre. Entré fatigada, eran las 11 de la mañana, tomé el libro “Cumbres Borrascosas” de Emily Bronte, me encerré en el cuarto, lo apreté contra mi pecho y dije: “Emily, por favor, ayúdame a escribir como tú”, y me quedé dormida llorando. Le mentí a mi abuela diciéndole que un vecino me había traído y no pude dormir toda la noche pensando que había sido incapaz y cobarde. Al día siguiente me sentía todavía demasiado amilanada, no quería ir a la escuela.

—Dania ponte de pie y léenos tu composición.

Habían llamado mi nombre apenas comenzó el turno de clases de Español y Literatura. Me levanté despacio con ganas de caer desmayada allí mismo y dije: No tengo nada escrito. ¿Cómo que no tienes nada escrito? Fue la pregunta esta vez amenazante que inundó el salón. Bajé la cabeza, miré mi libreta en blanco y repetí: No, yo no sé escribir una composición. Todos se echaron a reír, menos Sofía quien se acercó intimidante con un puntero de madera en la mano y gritó: “¡Silencio todos! Dania, pon tu pie derecho”. Y me golpeó tres veces con toda su fuerza con su puntero de madera. “Y ahora tienes cinco minutos para que escribas tu primera composición”.

Tenía la pierna roja como si fuera a sangrar en cualquier momento y me ardía como si me hubieran picado cien avispas a la vez pero soporté el dolor y las miradas humillantes y burlonas de todos con coraje de héroe.

—¿Puedo escribir de lo que yo quiera?, pregunté conteniendo los sollozos.

— ¡No! Escribirás sobre los títulos que mandé ayer.

Volví a repasar los tres encabezamientos en blanco que tenía apuntado: Un viaje inolvidable. ¿Qué significan para ti, tus padres? Mi escritor cubano favorito. Y esto fue lo que escribí en mi primera composición:

Tengo 11 años y a donde único he viajado es a la playa de Guanabo en la Habana y a la playa de la Salina, donde mi familia tiene una casa de madera de dos plantas y allí pasamos los dos meses (Julio y Agosto) de vacaciones. No creo que sea buena idea asegurar que estos dos lugares a los que he viajado sean mis viajes inolvidables. Lo mejor sería poder viajar a muchos otros lugares para así tener la oportunidad de comparar mejor, lo mejor sería no perder nunca la memoria y llegar a vieja para poder contar con seguridad cuál de todos mis viajes fue verdaderamente el inolvidable.

Mis padres son las dos personas a las cuales les agradezco la vida. Ninguno de los dos vive conmigo y no sabría definir verdaderamente lo que significan para mí. No tengo ningún escritor cubano favorito. He leído solo a los que ustedes aquí en la escuela me obligan a leer. Mi escritora favorita es Emily Bronte, inglesa, y con ella tengo largas conversaciones. Sé que ella me ayudará y algún día aprenderé a escribir una composición.

Cuando concluí mi lectura en voz alta la profesora Sofía abrió mucho los ojos y dijo: Dios mío que disparates escribes. Esto es lo más mediocre que he escuchado en toda mi vida. ¡Eres pésima! Mis compañeros de aula se taparon todos la boca para aguantar las carcajadas.

Yo volteé mi mirada hacia la ventana y esta vez con menos miedo pensé resignada: “Seré de las peores, pero seguiré intentándolo…”

Nota de la Autora: La mejor que escribía en mi clase era Yaniris Roig Morejon, hoy es Ingeniera Informática. Roxandra Rodriguez, la otra alumna que había faltado a las clases de los primeros párrafos se hizo historiadora del arte. Sofía fue profesora de Español y Literatura por muchos años en la escuela de Santa Maria: Patricio Lumumba a la que yo asistía. Ahora está retirada y muy pronto recibirá esta historia y dos libros autografiados... Esto es una historia real.

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Comentarios » 1

eduravi writes:

Increible tus historias, me haces volar, de la frescura de tu columna a la risa y luego a la nostalgia, la pena y debo leer y releer, el tiempo se encarga siempre de los caminos de cada uno, el tuyo es sin duda EL EXITO.

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