Aquí entre nos: Un, dos... un, dos, tres, cuatro

Manuel Lazcano. Foto cortesía

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Columnista Urzula Esponda es dueña de la compañía de catering '4 U to go'. Encuentre sus recetas en: www.facebook.com/4utogo

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Naples, FL -- Cuando estaba a punto de venirme a vivir acá, mi amigo Mauro me dijo “Se que vas a ser muy feliz y recuerda… vas a vivir con un músico”. Lo que Mauro me dijo, me hizo imaginarme a Manuel tocando su guitarra por la casa y yo cantando con él.

Al empezar nuestras vidas juntos, sí se presentó un par de veces la escena que imaginé de él tocando la guitarra y yo cantando. Alguna que otra vez intentó enseñarme a tocar el bajo, pero fuera de eso; del piano y las otras dos guitarras colgadas en la pared del estudio, nada me gritaba “músico a la vista”.

El día que empecé a ver más al músico fue cuando me di cuenta, que a mí la música me gusta porque me gusta, pero él la desmenuza, él tiene la capacidad de escuchar cada instrumento por separado y además de decirme en que nota están tocando. Wagner dijo: “Creo que quien ha disfrutado con los sublimes placeres de la música, deberá ser eternamente adicto a este arte supremo, y jamás renegará de él”, y me parece la mejor manera de describir como Manuel percibe la música.

Cuando canto —que por cierto lo hago muy mal— él trata de que yo lo haga en la nota adecuada y hasta las armonías intenta hacer, cuando en realidad yo solo canto por cantar, no porque se oiga bien.

Es muy divertido cuando le mal canto canciones de la misa, en la versión que me enseñaron en la escuela o cuando comienza alguna canción y yo le mal canto el “cover” en español, esto último es algo que puede volverlo realmente loco, porque dice que hay música que se hizo para cantarse en inglés, no en español.

Hace poco se unió a tocar el bajo en un grupo de tributo a Jethro Tull y yo lo acompañé a las primeras reuniones y ensayos. Ahí me di cuenta de que hablan un idioma completamente diferente. Sus pláticas eran en “tatata tata ta”, “bum bum bum”, ¿cómo entendían cuántos “tas”? o ¿cuántos “bums”?, decían que si cuatro por cuatro, que si tres por cuatro.

Cuando entendí que era un idioma completamente diferente, fue a la salida de un ensayo… él venía muy emocionado, porque afortunadamente las pastillas de su bajo eran muy buenas… ¿en serio? ¿un bajo tiene pastillas? Yo solo sabía que tenía cuatro cuerdas; todavía tenía los ojos girando en espiral cuando me dijo lo siguiente… “¿te gustó? Pero no te bases en los cuartos, porque las bases son sincopadas”… ahí ya me quedé en blanco y me imagino que mi cara de no entiendo nada era muy notoria, porque se tomó la molestia de darme una explicación de lo que me estaba diciendo, la cual sinceramente, no recuerdo.

Hoy entiendo que vivo con un músico, con uno que disfruta cada nota que toca, con el que no necesito hablar su mismo idioma, porque su lenguaje le permite transmitir montones de emociones y que sin su música, mi vida sería un completo silencio.

La música debe hacer saltar fuego en el corazón del hombre, y lágrimas en los ojos de la mujer. Ludwig van Beethoven

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