Columna Dania Ferro: Eternamente Yolanda

Dania Ferro, autora del poemario 'Dialogo con mi corazón' publicado en 2009, y 'Relatos de la Mrs López', publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Dania Ferro, autora del poemario "Dialogo con mi corazón" publicado en 2009, y "Relatos de la Mrs López", publicado en octubre de 2012 por La Pereza Ediciones. Dania Ferro escribe para Vista Semanal desde el año 2007 y ha colaborado con revistas y otras relevantes publicaciones de la Florida.

Un día ocurrió lo inesperado. No había ido al doctor, pero el retraso por dos meses consecutivos de su período inalterable, los malestares inconfundibles, vómitos, fatigas, sueño, antojos, parecían revelar lo evidente: ¡estaba embarazada!

No tuvo el valor para confiarle semejante noticia a su madre, quien probablemente, ni la apoyaría y menos la entendería por todo aquello de sus reglas moralistas. Su madre siempre le había asegurado a sus amigas que sus hijas, a diferencia de otras, sí saldrían de su casa todas casadas y vestidas de blanco. Con su padrastro no podía contar, porque aunque éste la había criado desde los 9 años, era indudable que no la soportaba — ni a ella, ni a su hermana— y si se había casado con su madre había sido porque no encontró otra mujer dispuesta a parirle un hijo. Él quería un hijo varón, lo deseó siempre, no toleraba a las niñas. Elio era un hombre que había heredado el dinero y las tierras de sus padres, pero era silvestre y exageradamente feo e insensible. Su madre era culta y hermosa, pero divorciada, pobre y con dos hijas, quizás por desesperada y posiblemente necesitada le dio ese hijo varón que él tanto había anhelado y por eso se casaron.

Si Yolanda le contaba a Hilda sobre su menstruación demorada, ésa enseguida le contaría a su madre, porque su hermana era incapaz de poder guardar un secreto con seriedad. Debía comunicarle la noticia a él, era su novio quien debía saberlo primero y decidir juntos entonces que iban hacer.

Erick se acercó a la cerca de su casa con una sonrisa que le duró muy poco. No estaba interesado en seguir oyendo y las primeras palabras que salieron de su boca fueron: ¡no! ¡Ese hijo no es mío! ¡Sácate eso! Yolanda no encontró tiempo para reaccionar de otra forma que no fuera dándole dos bofetones por la cara. Esa noche recogió toda su ropa y se fue de la casa.

Se instaló en una playa de Pinar del Río llamada, Punta de Cartas, allá vivían sus abuelos paternos y sus tres tías, todas solteronas y sin oficios. La recibieron con alegría porque ella era su sobrina adorada, pero a medida que fueron pasando los días, todos comenzaron a preocuparse; Yolanda no hablaba de regresar a la escuela, comía poco, permanecía callada, se veía triste y se mantenía encerrada, acostada todo el tiempo como si estuviera enferma. La tía Viviana se acercó en cierta ocasión y le preguntó: “mi niña, ¿tu mamá sabe que estás aquí con nosotros?” “Sí tía, ¡claro que sí!”

Era extraño que luego de un mes nadie hubiera llamado para preguntar cómo estaba Yolanda, para saber si había llegado sin problemas, si se estaba portando bien. Esa tarde la tía Viviana llamó a San Luis para saber qué estaba sucediendo realmente. Hilda fue quien contestó el teléfono, le contó que su madre estaba como loca buscando a su hermana, que se había ido de la casa sin decir adónde. La tía colgó en el acto y fue a pedirle explicaciones a su sobrina. Yolanda se estaba bañando, la tía entró en el baño y cuando la vio desnuda le dijo: “mi niña, ¡tú estás embarazada! ¿Quién es el padre? ¿Por qué no le has contado a tu mamá?".

Al día siguiente la tía la acompañó hasta su casa y por el camino le pidió que estuviera tranquila asegurando que nada malo sucedería con decir la verdad. La aceptaron en la casa, aparentemente normal y felices, Viviana la obligó a confesar, todo era comprensión y cariño, pero cuanto la tía salió por aquella puerta su madre le dio tantos golpes que casi pierde al bebé, le dio con las manos, con los pies, con gajos de guayaba, con troncos de árboles caídos, y hasta con la manguera de la lavadora rusa que tenían en casa.

—¡Esa barriga te la sacas! — Le gritaba a toda voz. — Eres muy joven para tener un hijo. ¿Por qué tenías que arruinar tu vida y tu futuro así? ¿Por qué irte de la casa sin decir adónde? Casi nos volvemos locos buscándote, has deshonrado a nuestra familia, qué dirá ahora la gente de ti, de nosotros. ¿No piensas estudiar, terminar una carrera? Mañana iremos al médico y te harás un aborto.

Esa noche Yolanda no paró de llorar. ¿Por qué Erick la había dejado sola en estos momentos? Se conocían desde niños, habían sido vecinos desde que su madre se casó con Elio y se mudaron para aquella casa. Se despidieron a los 12 años porque él iría a estudiar a la capital, desde entonces ella esperó ávidamente su regreso. Él volvió hermoso, convertido en todo un hombre, alto, con su cuerpo atlético, una sonrisa fascinante, aquellos ojos verdes hipnotizadores, hablaba despacio y siempre en voz baja. Le hacía fotos hermosas y le hablaba de cosas interesantes; le regalaba buenos libros, le contaba sobre la historia del mundo, la llamaba: “Mi Venus”; le contaba sobre su sueño de ser un día un gran escritor, le leía sus poemas y le tocaba la guitarra; le cantaba continuamente la canción de Pablo Milanés: …

... Cuando te vi, sabía que era cierto, este temor de hallarme descubierto, tú me desnudas con siete razones, me abres el pecho siempre que me colmas de amores, de amores, eternamente de amores. Si alguna vez me siento derrotado, renuncio a ver el sol cada mañana, rezando el credo que me has enseñado, miro tu cara y digo en la ventana: Yolanda, Yolanda, eternamente Yolanda...

Cómo no enamorarse de un hombre así, cómo no creer en sus promesas, que chica de 18 años puede resistirse ante los encantos de un rubio tan guapo con aires de intelectual.

En la clínica el doctor aseguró que sería muy riesgoso el aborto, tenía más de 20 semanas de embarazo, aún así su madre insistía en desaparecer todo rastro de evidencias que demostraran “actos incorrectos”… Hilda comenzó a llorar desesperadamente, le reclamaba a su madre: “mamá, entiende que mi hermana se puede morir, por favor, no la obligues a abortar, lo que tiene en su vientre es un bebé que será tu nieto, no es un parásito al que hay que eliminar, por amor a Dios, ¡reacciona!”. Yolanda permanecía acostada en aquella cama estrecha de hospital, no le salía la voz y solo movía la cabeza de un lado a otro como negando la posibilidad de deshacerse de su hijo. Mantenía sus manos cruzadas sobre su vientre como si de esa forma lo protegiera, tenía apenas 18 años y sí, estaba muerta de miedo, pero no podría vivir en paz el resto de su vida sabiendo que no le importó, ni mucho menos le afectó, el hecho de no conocer la cara de su hijo.

Luego de unos interminables minutos Yolanda regresó a casa con su madre, su hermana y aquella prometedora estrella en su vientre. Fueron unos meses tristes y solitarios para la futura y joven mamá quien recibió poca o casi ninguna ayuda y aceptación por parte de su familia, solo en su hermana pudo encontrar un consuelo de vez en cuando. Su corazón estaba destrozado; Erick nunca volvió, jamás se interesó por saber que había determinado ella al final. Un ultrasonido anunció que sería una niña, una pequeña princesa nacería de aquellos encuentros apasionados, repletos de poemas, promesas y canciones. Ella la llamó también Yolanda, sería “eternamente Yolanda”. Saliendo del hospital con su hija en brazos se encontró en la terminal de ómnibus de Pinar del Río con Erick quien la miró como si hubiera visto al insecto que más asco le provocaba. “Es una niña, ¿quieres verla?”, le preguntó ella todavía con esperanzas. “No, gracias, esa hija no es mía, volvió a repetirle él”. Y para cerrar su discurso con honores de crueldad agregó: “¿tú de verdad te creíste que eras hermosa y que yo criado en la capital habanera iba a fijarme o a formalizar una relación verdaderamente contigo? Tú no eres más que una guajira equivocada, bruta, e ignorante, que no tiene ni idea de cómo funciona el mundo. Tuviste esa hija sin terminar una carrera, yo soy profesor de biología, hago fotos profesionales, voy a publicar mis libros y voy hacer un gran escritor, ¿cómo se te pudo ocurrir que podías estar a mi nivel? Y diciendo esto, escupió y finalizó: “¡Mira! Esta escupida vale más que tú”. Dio media vuelta y se fue.

Y allí quedó casi sin poder sostenerse en pie Yolanda, con su hija en brazos, que daba gritos y gritos y nadie sabía si de hambre o de dolor; del dolor de haber sido rechazada por su padre, quien no fue capaz ni de descorrer el pañal para apreciar su carita de recién nacida.

Ese día cuando Yolanda llegó a su casa intentó suicidarse. Estuvo varios años en una clínica de rehabilitación. Luego se casó de blanco y por todo lo alto con un ingeniero quien le celebró una gran boda y con quien tuvo dos hijos y más tarde se fue a vivir a New York. Ella finalmente terminó sus estudios, se hizo historiadora del arte.

Erick se casó con una mujer fea y bruta a la que nunca ha llegado amar genuinamente y con ella tuvo dos hijos varones. Nunca llegó a publicar sus libros y ya no vive en la capital habanera, sino en Pinar del Río, donde se dedica hacer fotos.

Yolandita, la hija de ambos es físicamente idéntica a Erick, heredó la nobleza de su madre y se hizo escritora.

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Comentarios » 7

Eterno_Retorno writes:

Lo primero que pensé y sentí es que es como un cuento de hadas, es el deseo interior de un corazón que busca un final feliz y lo dibuja con toda la intensidad de sus emociones. La realidad no es el cielo falso en los ojos de Erick, sino lo que es perdurable, el alma de Yolanda y esencia de lirio. Yolanda puede decir que su bebé no se parece en nada a ella, pero es su nobleza la que esculpió belleza verdadera en su hija, es esa herencia la que logra que una persona brille, tengo esa certeza porque cierto ángel llamado Gabriel es así.

DaniaFerro writes:

Muchas gracias mi querido Dany, que emoción leerte! ojalá que Erick pueda enterarse en cualquier lugar del planeta en el que se encuentre ahora mismo, que su hija sí se hizo escritora...

DaniaFerro writes:

Como le contaba a mi colega Urzula Esponda llevaba años intentando escribir sobre eso, pero no lo había logrado hasta entonces. Aún así,después de haber escrito esto, siento que me faltaron más detalles y verdades. Esto que has leido es solo "un intento" muy mal logrado a mi modo de ver, es solo por "arribita" la historia es demasiado triste, demasiado fuerte.

rinconverde2002 writes:

Para dania ferro y a quienes leyeron esta historia,creo pues tambien escribo que lo mas notable es la intensidad que se plama en todos los hechos..amor.intensidad y egos...todo la tragedia es el ego interno de los protagonistas que se creen que un dulce espiritu el de yolanda pueda brillar por si mismo y al final ese brillo de amor y entrega dio el resultado pues traia ,otro espiriu celestial a este planeta y cada quien cosecho lo que incluso no pretendio sembrar.intenso real y un gran logro en una historia corta felicididades,algun dia com partire mis borradores edgar guzman,un abrazo a ti y al news..

DaniaFerro writes:

Edgar gracias por dejarnos aquí tu comentario, no pierdas la costumbre, nos encanta leer las opiniones de nustros lectores. Y sí comparte esos borradores que ya muero por leerlos, un saludos afectuoso para ti.

eduravi writes:

Linda historia y me mando a mi época universitaria cuando queríamos cambiar el mundo con la música de Pablo o Silvio, Yolanda era una cancion que escuhaba una y mil veces.... Yolanda es una mujer limpia por eso es FELIZ ley de causa y efecto.

DaniaFerro writes:

Eduardo que lindo saber que desde Peru escuchabas esa cancion de Yolanda de Pablo Milanes, oh wow, a mi esa cancion me emociona mucho y sobre todo ahora que sé que Erick siempre se la cantaba a Yolanda , un abrazo mi amigo y gracias por leer y dejar tu opinión siempre en mis historias.

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