Aquí entre nos: El que la hace ¿la paga?

Columnista Urzula Esponda es dueña de la compañía de catering '4 U to go'. Encuentre sus recetas en: www.facebook.com/4utogo

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Naples, FL -- Por lo general recuerdo mucho las frases de mi madre —tiene una para todo— pero ahora que estoy embarazada, la que más se me ha venido a la cabeza es “Ya tendrás hijos y si salen como tú, vas a ver lo que es bueno”. Cada vez que recuerdo esa frase, empiezo a hacer un recuento cronológico, para irme dando una idea de cuánto me va a costar la factura.

Si yo hubiera sido niña en estos tiempos, yo creo que me hubieran diagnosticado Déficit de Atención con Hiperactividad (ADD) y sin duda alguna me habrían hasta medicado, pero afortunadamente en mis tiempos había mucha calle que correr y dónde jugar para cansarte lo suficiente.

Desde muy chica, fui una niña muy independiente y nada me daba miedo… Un día en la panadería me cansé de esperar a mi papá y me fui de la mano de un globero, casi mato a mi papá de un susto, el pobre, preguntaba por una niñita de cuatro años con abriguito café, mientras imaginaba el terrible castigo que pasaría en manos de mi mamá.

Yo platicaba con quien se me pusiera enfrente, cuando había construcciones, me iba a jugar con la mezcla de cemento, no me importaba quedar agrietada de la piel… más bien, ni cuenta me daba; los albañiles me conocían tan bien que hasta de sus tacos me invitaban.

La comida y yo no éramos amigas (ojalá me hubiera quedado así), me cansaba masticar carne, así que cuando me hartaba, abría un bolillo, le sacaba el migaron y lo rellenaba con mi carne masticada.

Desde que recuerdo estuve inscrita en el transporte escolar y una vez a los seis años, se me hizo fácil irme a comer a la casa de mi mejor amiga y ya después hablaría para que fueran por mí… Comí, jugué, corrí y casi siete horas después, (en la época que no había celulares ni poder humano que pudiera contactarte) ya que me cansé, decidí llamar a mi casa para que fueran por mí. Mis pobres padres vivieron las peores siete horas de su vida, pensado que me habían sucedido las peores cosas y cuando me encontraron… el regaño fue tan fuerte que yo creo me dejaron sorda una semana.

No había librero, closet o barda lo suficientemente alta, todo lo subí. Cuando llegaba del colegio, me fascinaba escalar la barda; primero aventaba la mochila, luego escalaba por la reja, hasta llegar a lo más alto de la barda y de ahí me aventaba al pasto. Lo más simpático de ésto era la cara de interrogación de mi hermano y su frase “No te entiendo”.

Al norte de la ciudad había un parque de diversiones, para el cual trabajaba mi papá, yo me sentía la niña más afortunada —tenía el parque para mi sola— bueno... y para mi hermano, pero él no era tan intrépido, por lo tanto no era divertido. El parque era todo de adoquín y pocas eran las partes planas, estaba casi todo de bajada, así que no había emoción más grande que andar por el parque en patines, por supuesto que dejé trozos de mi piel regados por todo el parque, y en el tobogán gigante y por todos lados, pero lo disfruté ¡inmensamente!

La oficina de la directora era uno de mis lugares más frecuentados en el colegio... Como ya lo he descrito, yo no era una niña tranquila y pues hacía travesuras o golpeaba algún compañero… en mi defensa he de decir que jamás le pegué a nadie solo porque sí, siempre fue en defensa propia o por defender a alguien más… Pero eso a los profesores —y a mis papás— no les importaba mucho… “¡Las niñas no pegan!”

En mi casa estábamos clasificados en dos: “Obediente de mala manera y Desobediente de buena manera”. El obediente de mala manera era mi hermano, quien refunfuñando hacía las cosas y luego estaba yo, quien con toda diplomacia, decía “Claro, ahorita lo hago” y ahorita jamás llegaba, lo cual resultaba en la recitada de las famosas frases de mi madre y entre las más usadas, estaban: “Ahora verás”, “Síguele y no vas”, “¿Crees que te mandas sola?”, “Ya estate quieta”, y “Ya tendrás hijos y si salen como tú, vas a ver lo que es bueno”…

Hoy estoy esperando un bebé, y pues si me sale como yo, por lo menos ya tengo el “know how”.

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