Aquí entre nos: De película mexicana

Columnista Urzula Esponda es dueña de la compañía de catering '4 U to go'. Encuentre sus recetas en: www.facebook.com/4utogo

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Ya hace un tiempo he estado prestando oídos a la historia de un triángulo amoroso, que posee un argumento sentimental, una acción violenta y personajes estereotipados. Características que se presentan en gran parte del cine mexicano del siglo pasado. Pero como dicen por ahí, la realidad supera la ficción.

La esposa había estado siendo advertida por primas y amigas, hasta que por fin un día descubrió las andanzas de su marido... El drama familiar no se hizo esperar, y cual Libertad Lamarque en su papel de esposa engañada… reclamó, lloró, manipuló y dejando a un lado su orgullo y dignidad, perdonó.

Después de este encuentro hipermelodramático, era de esperarse como en todas las películas, el triunfo de la virtud sobre la maldad… pues ¡no!, nuestra querida protagonista decidió no parar ahí y quiso darle un giro diferente a esta historia comenzando una guerra contra “La otra”, dejando a un lado la abnegación y convirtiendose en la arpía.

Hundiendo en el fango la poca dignidad que le quedaba, la esposa comenzó a seguir a “La otra” a todos lados, se estacionaba fuera del trabajo de esta, seguramente esperando ver a su esposo llegar a visitarla, se le aparecía por donde quiera que fuera y hasta mensajes de texto le enviaba. Continuando su camino a perder la razón, creaba con sus hijos escenas dignas de Pedro Infante, anunciando que su padre los abandonaría por irse con otra mujer y ellos en lugar de gritar y llorar “Torito, Torito”, decían “Papito, papito”.

“La otra”, no hizo acopio de prudencia y salvajemente sincera, destructora del tabú; enferma de vulnerabilidad decidió contestar. Buscando humillar a la esposa y hacerle pagar la cantidad de agresiones de las que había sido objeto, le hizo saber que no importaba cuánto se rebajara, su esposo no dejaba de buscarla, le mandó fotos de ellos besándose y textos donde él se declara completamente suyo y que como dijera María Félix… “No basta con ser bonita, hay que saberlo ser” y que con ese porte de Chencha que la esposa tenía no podía esperar algo diferente.

Ardiendo en furia, la esposa ha convertido su hogar en un infierno de reclamos, lo cual tiene a nuestro Pedro Infante de petatiux sin cuidado. Lo único que han logrado este par de mujeres es alimentar su ego, hacerlo sentir el premio, el héroe de barrio, amor de muchas mujeres y modelo del público masculino.

A este intento de galán, no le importa que su casa se haya convertido en un campo de batalla, él sigue teniendo quien le lave, le planche, le cocine y atienda a los niños y por otro lado quien sacie sus deseos carnales… porque efectivamente no ha dejado de buscar a “La otra”.

Citando de nuevo a María Félix… “Ya no hay hombres como los de antes, la calidad está perdida… ya no hay honor”.

Esta historia aún no tiene un desenlace, es muy probable que no lo tenga pronto, me imagino que aún queda una veta inagotable de conflictos.

La esposa seguirá luchando por la sagrada institución de la familia, aunque esto signifique, seguir acosando a “La otra”, hablarse y contestarse sola, o estar casi lista para la camisa de fuerza. “La otra”, ya se está cansando de ser víctima del pecado y está tratando de alejarse y dejar todo en el pasado. Y qué decir de nuestro Mauricio Garcés de cinco pesos, pasa sin pena ni gloria, dando muletazos a lo que se le presente y seguramente pensando “Las traigo muertas”.

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