Aquí entre nos: Primera foto familiar

Urzula ha creado la columna 'Degustando' por su vasta experiencia como dueña y fundadora en México de la compañía 'El Secreto', un servicio de comida a domicilio para consentir a sus clientes y dejarlos disfrutar de desayunos, cenas o baby showers, dejándolos ser el anfitrión perfecto, cocinando por ellos mientras guardaba 'El Secreto'.
Degustando se publicará dos veces al mes con la opinión y recomendación de Urzula sobre restaurantes locales; lugares para celebrar un día especial sin dejar un hueco en su bolsillo.

Urzula ha creado la columna "Degustando" por su vasta experiencia como dueña y fundadora en México de la compañía "El Secreto", un servicio de comida a domicilio para consentir a sus clientes y dejarlos disfrutar de desayunos, cenas o baby showers, dejándolos ser el anfitrión perfecto, cocinando por ellos mientras guardaba "El Secreto". Degustando se publicará dos veces al mes con la opinión y recomendación de Urzula sobre restaurantes locales; lugares para celebrar un día especial sin dejar un hueco en su bolsillo.

¡Por fin llegó el día!... Voy entrando al quirófano por mis propios pies, recordando las palabras de mi amiga Alicia “el epidural no duele nada, solo sigue las instrucciones y relájate”. Ya me había advertido la enfermera que el cuarto iba a estar muy iluminado y frío, pero que no me preocupara, porque ellos se harían cargo de mí y que pasaría pronto.

Al momento de sentarme en la camilla y empezar a seguir las instrucciones, mi cuerpo comenzó a temblar de frio, sin obedecer mi instrucción de relajarse, y al primer pinchazo recordé el relato de Dania Ferro, en el que decía que debido a que su cuerpo temblaba sin parar, tuvieron que hacer más de un intento al ponerle el epidural, mientras yo seguía tratando de controlar los temblores, de pronto escuché “Inténtalo de nuevo”... ¡Santo Dios!, yo solo pensaba “¡Prometo no moverme, pero que quede listo de una vez por todas!”. De pronto una onda de calor comenzó a recorrer mi lado derecho bajando hacia mi pierna y de ahí todo mi cuerpo, fue entonces cuando me comencé a sentir mejor.

Todos quienes se encontraban en el quirófano estaban muy al pendiente de mí, me recostaron, me amarraron como santo cristo, me pusieron oxígeno, taparon mi visibilidad con una manta azul, comencé a sentirme muy nerviosa… Llegó mi doctor y con mucha tranquilidad en su voz, me saludó y me dijo que no tardaría mucho, que ya estaban todos listos. De pronto una enfermera dijo en tono bastante alto, como asegurándose que todos la escucharan “Paciente Urzula Esponda, cesárea, ¿estamos todos de acuerdo?” y todos los demás contestaron: “¡De acuerdo!”.

Ese era el momento, estaban comenzando, yo no sentía nada más que muchos nervios y me empezó a angustiar ver que mi esposo no llegaba... ¿por qué no iban las enfermeras por él?, cuando de pronto lo vi entrar, enfundado en una bata amarilla, una gorra azul y un tapa bocas, al verlo acercarse sentí unas terribles ganas de llorar… Se acercó prontamente a mí, me dio un beso y me dijo “¿Aquí estoy! ¿Cómo te sientes?”… La verdad, no recuerdo qué contesté, solo sé que fue un descanso sentirlo a mi lado…

El anestesiólogo, estuvo muy al pendiente de mí, me preguntaba constantemente cómo me sentía y me decía que todo estaba saliendo muy bien. Del otro lado de la manta se les escuchaba ocupados pero tranquilos, trataba de poner atención a lo que decían, pero la anestesia no me permitía concentrarme bien, hasta que de pronto escuché un intento de llanto combinado con flemas, hasta que por fin un estruendoso grito —anunciando la llegada de Lucca Lazcano— inundó el quirófano.

Ni siquiera lo había visto, solo lo escuchaba y mis lágrimas no paraban de rodar por mis mejillas, el doctor le dijo a Manuel que preparara su cámara y en ese instante quedaron plasmados los primeros instantes de Lucca en este mundo.

Por fin nos lo trajeron envuelto en una manta blanca y con un gorrito de rayitas azules y rosas. Yo seguía amarrada y me era imposible tocarlo, hasta que por fin soltaron mi brazo derecho y pude hacerle una caricia en sus mejillas. Era hermoso… mucho más lindo de lo que pude haber imaginado. La cara de Manuel expresaba la inmensa felicidad que sentía. Dejaron a Lucca unos minutos, recostado en mi lado izquierdo, y el anestesiólogo nos hizo el favor de captar ese primer momento de los 3 juntos: ¡Nuestra primera foto familiar!

¡De pronto todo terminó! Se llevaron a Lucca, se llevaron a Manuel, y a mí y mi cuerpo inerte, nos trasladaron a otra camilla para llevarnos a recuperación… Allí volvería a reunirme con los dos grandes amores de mi vida y mi avalancha de emociones…

Nunca imaginé que se podrían sentir todas al mismo tiempo… De lo único que estoy segura, es que de ese quirófano salí más enamorada que nunca de mi esposo, porque lo que acababa de pasar ahí era la muestra del más grande amor que nadie haya sentido jamás.

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