Aquí entre nos: Libre Demanda

Columnista Urzula Esponda es dueña de la compañía de catering '4 U to go'. Encuentre sus recetas en: www.facebook.com/4utogo

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Dicen que uno nunca experimenta en cabeza ajena, pero la verdad después de escuchar la historia de Chabela y a punto de ser madre, créanme que haré todo lo necesario para no seguir su ejemplo.

Chabela es una señora actualmente de 62 años, quien hace ya unos años crio sola a dos hijos varones, de 39 y 36 actualmente, dos muchachos completamente diferentes, el agua y el aceite, y quienes a pesar de haber sido criados por la misma mujer es como si cada uno fuera de países diferentes.

Cuando estuve platicando con Chabela, prácticamente se concentró en contarme sobre José, el más chico, su rubio de ojos claros. José nació de ocho meses, cosa que tenía muy preocupada a su madre, así que aplicó la “libre demanda” como método de alimentación. Esto quiere decir que cada vez que él pedía de comer, le daba, había que sobrealimentarlo porque era chiquito. Obviamente, ese niño estaba muy apegado a su madre, además era asmático, delicado, por lo que recibía muchos más cuidados que su hermano. El asma se la trataban con cortisona (esteroides), lo que lo convirtió en un niño llenito, blanco fácil de las burlas de sus compañeros e incluso de su hermano… Esto aumentó aún más la sobreprotección de Chabela.

José creció siendo un niño tranquilo, nunca se metía en problemas, pero era demasiado consentido y chiqueado por su madre. “Pobrecito, era el chiquito y estaba enfermo”. Nada se le negaba a ese niño, lo cual José procesaba perfectamente para poder obtener lo que le diera la gana. Y así pasaron los años… ¡a libre demanda!

Cuando llegó la hora de ir a la universidad, Chabela no puso ningun pero para pagarle lo que fuera necesario, con tal de que fuera “alguien en la vida”, dice ella. Para este entonces el asma de José ya había desaparecido y hasta se daba el lujo de fumar. José hacía el esfuerzo mínimo, es decir, solo se dedicaba a estudiar, hasta que Chabela le consiguió trabajo con un conocido —el cual le duró apenas unos meses a José, porque él no era para andar vestido de traje— lo suyo era la música electrónica y quería ser como uno de esos famosos Dj’s europeos.

El hermano mayor de José habló con él, le dijo que aunque en sus planes no estuviera ser el mejor contador, lo viera como una manera de proveer recursos para los aparatos que necesitaba y hacer su música, pero José no escuchó. Chabela volvió a conseguirle otro trabajo, donde se repitió la misma historia. José lo dejó y al dejarlo culpó a Chabela de hacer su vida miserable, porque ella le había dado una carrera que él no había pedido y que nunca le había permitido realizar su verdadero sueño… hacer música electrónica.

Para Chabela, no había nada peor que ver a su hijo sumido en la tristeza, así que sucumbió una vez más y le dio el dinero que necesitaba para invertir en los aparatos necesarios y cumplir el sueño que lo haría feliz. José montó su estudio, en el cuarto de servicio de casa de Chabela —como era de esperarse, este muchacho no iba a dejar de recibir su “libre demanda”. Todo iba viento en popa para José hasta que Chabela, después de años de soledad encontró un compañero… Paco. Después de algún tiempo Chabela y Paco decidieron vivir juntos en casa de Chabela, cosa que a José no le gustó nada y comenzaron los conflictos. Algunos de ustedes se estará preguntando ¿por qué?, pues porque Chabela les repitió sin cesar a sus hijos “esta es su casa” y “mientras yo les viva nada les va a faltar”. Frases que José tomó literalmente y compartir “su” casa con un extraño no estaba en sus planes. Después de muchos dimes y diretes José se fue de la casa a vivir con su novia, pero con la amenaza de algún día sacar a Paco de “su” casa.

Seis años han pasado y Chabela no ha dejado de ayudar a José, aporta dinero para sus gastos, pero para José ésto no es suficiente. Él se ha cansado de vivir con la mujer con la que vive y una vez más culpa a Chabela de sus desgracias, porque si no fuera porque Paco vive en “su” casa, él podría regresar en cualquier momento y dejar a su mujer.

Hace unas semanas, José le propuso a Chabela que vendiera su casa, para que le diera la parte que le corresponde, porque esa también es “su” casa y así él pueda hacer su vida. Hoy Chabela vive bajo la presión de su hijo José, sin tener el valor de ponerle un hasta aquí, ni encontrar el modo de controlar la “libre demanda” a la que lo acostumbró.

Supongo que la historia de Chabela no es única y el aprendizaje que nos deja a las nuevas generaciones de padres, es no confundir el amor con libre demanda. A una persona no se le puede dar todo, no se le puede evitar el enfrentarse a los problemas de cada día y resolverle dificultades. La libre demanda crea personas perezosas, carentes de iniciativa, potencialidades y capacidades. Es muy difícil que alguien que lo ha recibido todo, un día quiera convertirse en alguien útil para si mismo.

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