Aquí entre nos: El desordenado orden tiene un nombre

Urzula y bebé Lucca. ¡Y ahora así es como escribo! Foto sometida por Urzula Esponda.

Urzula y bebé Lucca. ¡Y ahora así es como escribo! Foto sometida por Urzula Esponda.

Columnista Urzula Esponda es dueña de la compañía de catering '4 U to go'. Encuentre sus recetas en: www.facebook.com/4utogo

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Desde que recuerdo he sido muy organizada. De niña me gustaba tener la caja de mis colores “Prisma Color” en perfecto orden, no podía haber un verde en los tonos rojos o un azul en los amarillos, siempre debían de estar ordenados de claros a oscuros. Yo nunca prestaba mis colores, porque no podía correr el riesgo de que se perdiera alguno y mi caja quedara incompleta.

La rutina de peinado por las mañanas para ir al colegio consistía en sumergir el peine en una sustancia verde pegajosa —llamada goma de peinar— que me la embarraban mientras estiraban mi pelo hasta quedar con ojos de oriental. Y todo para que las coletas estuvieran a la misma altura, que no se vieran simétricas me incomodaba tanto que prefería andar despeinada; y así aprendí a peinarme sola.

Mis apuntes del colegio eran impecables, los títulos eran de un color, los subtítulos de otro. Estaban hechos con letra de molde, y escogía tinta azul porque con negro no me gustaba como se veían mis cuadernos.

Mi closet, desde entonces, ha estado ordenado por colores, blusas (manga corta primero), faldas, pantalones, sweaters y abrigos. Los cajones o gavetas también tienen lo suyo, están ordenados por T-shirts, blusas del diario y blusas de salir.

Disfrutaba pasar horas en el estudio de mi papá, acomodando los libros, unos días por categorías, otros por colores y otros por números. A la hora de comer, yo era la encargada de poner la mesa, porque no me gustaba ver los manteles individuales mal acomodados, mal alineados con los vasos, o lo que para mí era peor... que me pusieran un mantel que no era mío.

En ese entonces nadie lo veía como una compulsión —incluso a mi mamá le gustaba que yo ordenara sus zapatos por colores y altos o bajos— pero el día que reorganicé la cocina, ya no se le hizo tan simpático, aunque no entiendo por qué, si yo pasaba más tiempo ahí que ella.

Conforme iba creciendo, crecía mi campo de acción. Cuando trabajaba, mi escritorio estaba como de revista, mis archivos inmaculados y el orden alfabético imperaba.

¿Y qué decir de hacer listas? Eso es lo mío: la lista del súper, la lista de los deberes, la de las cosas de viaje, y hasta la lista mental cuando me levanto sobre cómo voy a organizar el día... 1) pongo la cafetera, 2) preparo el desayuno, 3) preparo el lunch, 4) me duermo otro rato, 5) limpio el baño (actividad que lleva una sub-lista, porque también hay un orden para esto), etc. En fin, mi vida ha tenido un sistema y consistencia que me funciona a la perfección.

Hace unos meses una amiga publicó en Facebook algo acerca del desorden y cómo vivir con él.

“Esto es para mis amigas que les gusta tener todo como de revista y ¡pronto serán mamás!”, comentó.

Yo no quise creerlo, mi sistema funcionaba y lo creía infalible… Y hoy heme aquí, haciendo mi lista mental en cuanto me levanto, la cual es constantemente saboteada por una personita que tiene su propio sistema… Y me sorprendo yo misma cuando me doy cuenta que no he puesto la lavatrastos por estar cantando y jugando al ritmo que mi nuevo jefe me toca. Lavar el baño, la ropa o la cocina, ya no tienen un día específico marcado en mi calendario, y hasta la hora de mi baño ahora es decidida por él.

El cojín “Boppy” está en el sofá aunque no combine, porque es ahí donde se sienta a ver Dexter y The Blacklist conmigo. El loveseat es de su propiedad, porque ahí está su "snuggle nest", en caso de que le dé por echar una siesta está su muñeco de Edgar Allan Poe y un auricular por si quiere jugar… Y el nuevo adorno de mi mesa de centro es su cuento favorito.

Una de las cosas que más disfruto es acomodar los closets y el de mi jefe está como a mí me gusta (hasta ahorita) en perfecto orden. Los cajones están por tallas, playeras de manga corta, playeras de manga larga. El closet tiene ganchos de colores y cada uno con una función. Los rosas son para la ropa que hay que usar de inmediato antes de que le deje de quedar, los naranjas son para la talla que sigue, los verdes tienen pantalones y camisas y los azules sweaters y sudaderas.

En fin, sigo siendo obsesiva compulsiva, aún persigo a mis invitados con un portavasos, el papel de baño cae hacia el frente y mi cocina es mi espacio sagrado; pero ahora tengo un jefe quien decide el orden de mi día, y ese jefe se llama Lucca.

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